Off The Record

DamiánDamián

I guess I would call him a long lost Buenos Aires cowboy, if they ever did exist. He´ll get real quiet sometimes – like he’s going somewhere far off on his horse and he’s just riding along, silently taking in the scenery: A Man and Mother Nature. Other times, if you get him with the right people, it’s like he’s lying flat on his back next to a warm fire, looking up at a bright starry night. On those occasions, he uncorks the world with his words. Even the coyotes go quiet to listen.

All his friends have outlaw names like El Mugre or El Negro and he’ll tell you about them with a kind of serious stare that stops poker games in saloons and makes the ladies swoon. He´s got six-shooters too, but his doctors call it insulin and he´s not allowed to challenge anyone to a duel but himself. He always wins.

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Supongo que podría llamarlo un gaucho extraviado de Buenos Aires, si es que ellos existieron alguna vez. El, aveces, es realmente callado, como si estuviera yendo solo a algún lugar lejano, disfrutando de la cabalgata en su caballo, absorbiendo silenciosamente el paisaje: Un Hombre y la Madre Naturaleza. Otras veces, si lo encuentras acompañado de la gente adecuada, es como si estuviera acostado a la intemperie, cerca del cálido fuego, buscando el brillo de una noche estrellada. En esas ocasiones, él descorcha el mundo con sus palabras. Incluso hasta los coyotes guardan silencio para escucharlo.

Todos sus amigos tienen nombres de bandidos, como El Mugre o El Negro, y él te hablará de ellos con una mirada seria que detiene hasta una partida de poker en el bar y hace suspirar a las mujeres. El tiene un revolver de 6 tiros también, pero su doctor lo llama insulina y él no permite que nadie lo rete a duelo, excepto el mismo. El siempre gana.

Ashley

Ashley

Amaneció en Wisconsin rodeada de interminables campos de maíz. El hado, eternamente caprichoso, la sumergió en esa tierra diáfana y tersa. Pero ella, como siempre, encontró encanto en la monótona insistencia de aquel paisaje.

Durante los lacónicos veranos de su infancia, pasaba tardes enteras ensimismada en libros fantásticos. Por las noches, acostada sobre la hierba, observaba ilusionada la armonía estelar. Se imaginaba surcando mares embravecidos, cruzando patrias distantes y conociendo culturas remotas. Y guardó sus sueños profundo en su alma.

Años más tarde, e incomprendida en su pueblo, abandonó la planicie del medio oeste americano llevando consigo la inocencia y la bondad de aquel lugar. Se abrió paso entre pendientes arriscadas y gigantes enfadados y cruzó ese indómito mar en busca de la satisfacción en la aventura.

Hoy todavía en el camino, e irresoluta en su andar, observa valiente el nuevo horizonte crepuscular. Piensa en alcanzarlo y abrazarse con el sol, que necesita de su franca bravura para volver a amanecer.

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She was born in Wisconsin, wrapped up in endless cornfields. Fate – forever capricious – had dropped her into this flat and uncluttered terrain and like always, she was able to find charm even in the monotonous insistence of that first landscape.

During the laconic summers of her childhood, she spent whole afternoons spellbound by fantastic books. At night, she would stretch out across the grass and observe the stellar harmony with unchecked wonder. She pictured herself slicing through rough seas, crossing distant countries, and uncovering remote cultures. And she saved those dreams deep in her soul.

Years later, unable to shake feeling out of place, she left behind the plains of the Midwest, but took its innocence and good nature with her. She made her way through rugged cliffs and angry giants to cross that untamable sea, searching for satisfaction in the adventure.

She’s still on that path today and irresolute in her gait, she boldly contemplates the new crepuscular horizon. She thinks about getting there and embracing the sun, who needs her bravura in order to rise again.

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