Australia Occidental

Llegamos a Perth desde Melbourne después de 4 horas y 20 minutos de vuelo y con 3 horas de diferencia en el reloj. El objetivo de ir a esa ciudad era conocer algo del oeste australiano y porque los vuelos a Bali, nuestro próximo destino, eran más baratos desde ahí. El plan era similar al de los otros lugares donde habíamos estado en ese país, llegar a la ciudad principal, alquilar un auto y recorrer los alrededores.

Así fue como por 40€ al día alquilamos un auto para ir hacia Cervantes, nuestro primer destino y a 2 horas al norte de Perth. Condujimos con la precaución que la noche requiere en una zona repleta de canguros libres y salvajes. Es al amanecer y al anochecer cuando estos simpáticos animales están más activos y cuando es más fácil tener un accidente con ellos. Más de una persona nos contó alguna tonta historia con canguros. Por ejemplo, es normal que se paren a un costado de la ruta y esperen a que pases con el auto para saltar sobre él. Como un suicidio premeditado que te involucra involuntariamente, te arruina el coche y te shockea para el resto del viaje. Por eso, es mejor manejar con cuidado en zonas donde sabemos que hay canguros porque no sabemos de donde pueden aparecer.

Llegamos a Cervantes de noche y a simple vista parecía un lugar vacío. Pronto nos daríamos cuenta que todo el oeste de Australia está vacío, como si se tratara de un lugar olvidado, ajeno al festín del este. El estado de Australia Occidental es el más grande del país y tiene cerca de 2.400.000 habitantes, de los cuales las tres cuartas partes viven en Perth. Así que literalmente está vacío y el limitado interés del este se resume en las minas de oro que todavía funcionan en su territorio.

A la mañana siguiente nos dimos cuenta que Cervantes es un pequeño pueblo de no más de 500 personas, bañado por el Océano Indico, con playas de arena escandalosamente blanca y con pocas calles de nombre de ciudades españolas. Es extraño caminar por Barcelona hasta Sevilla para luego volver a doblar en Segovia, mientras todo esto sucede en un pequeño pueblo de Australia Occidental.

PinnaclesPinnacle Desert

El pueblo en sí no tiene mucho interés, pero es la puerta de entrada al Parque Nacional Nambung, donde está el desierto de pináculos, la gran atracción de la zona. La entrada al parque cuesta 13 AUD por vehículo. No está claro el origen de este inaudito paisaje y los científicos se debaten entre diferentes teorías. Lo que si está claro es que bien merece una visita ya que todo el lugar representa una atmósfera inconcebible, un espectáculo de otra galaxia, una experiencia inverosímil. El desierto está salpicado con montículos de piedra caliza de hasta 5 metros de altura, como si se tratara de un mundo desemejante al nuestro, lejos de todo lo conocido. Como en todo desierto, la altura del sol determina el color de la perspectiva y corrompe la inmovilidad de lo que nos rodea, como si no fuera el mismo lugar al amanecer que al atardecer.

Pinnacle DesertPinnacle DesertPinnacle Desert

Margaret RiverDesde ahí nos fuimos hacia el sur, en búsqueda de una de las olas más famosas y peligrosas de Australia, Margaret River. El viaje duró más de 5 horas y en él, el paisaje cambió drásticamente del desierto más hostil a un ameno bosque de eucaliptos. A pesar de estar casi en invierno, el clima seguía siendo caluroso en Cervantes, pero a medida que nos internábamos en los bosques del sur, la temperatura iba descendiendo disimuladamente sin ser nunca preocupante.

Margaret River es un agradable pueblo australiano que gira plenamente alrededor del surf. Si bien no queda pegado al mar, su cercanía al litoral hace que sea el punto de partida hacia cualquiera de sus olas. A solo 10 minutos del centro del pueblo, Surfers point es sin duda, como su nombre lo indica, el lugar de encuentro de todos aquellos que buscan salvar el día junto a las mejores olas del Indico australiano. Un mirador desde donde se aprecian las aguas más azules jamás vistas y algunas de las mejores olas que el Océano Indico puede ofrecer.

Margaret RiverMargaret River

Para aquellos que el surf no es la prioridad, la zona también ofrece cuevas para explorar, como la del Mamut, playas desiertas y espectaculares y el Parque Nacional Leeuwin, un frondoso bosque nativo de eucaliptos interrumpido abruptamente por el mar.

Bosque

Desde ahí empezamos a subir y la primera parada fue Bunbury, el poblado más grande de la zona. (Para los fanáticos de Héroes del Silencio, no hay rastros ni homenajes del famoso cantante español). Lo más destacable del lugar, además de las hermosas playas que lo rodean, es su faro de cuento y el mirador de Marlston Hill desde el cual se pueden observar esos atardeceres eternos que solo el oeste australiano puede regalar.

Sunset BunburyBunbury Lighthouse

Desde ahí, y aprovechando que todavía teníamos el auto, continuamos hacia el norte y nos fuimos hasta Fremantle, a 19 km al sur de Perth. Esta ciudad de 26.000 habitantes fue, en 1.829, el primer asentamiento británico en el oeste australiano, el cual más tarde derivó en la fundación de Perth.

Fremantle es famosa por la cantidad de edificios que aún se conservan de aquella época en que los barcos llegaban desde el Reino Unido repletos de criminales y buscavidas atraídos por la fiebre del oro. Por este motivo, recorrer sus calles es realmente un viaje en el tiempo y es imposible no sorprenderse con la opulencia y la belleza de aquellos años. Es imprescindible darse una vuelta por el mercado de la ciudad para probar una diversidad gastronómica no muy común en esta zona del país.

Rottnest Island

Finalmente llegamos a Perth para quedarnos unos días y así poder disfrutar de la ciudad. Aunque estando allí, nos recomendaron visitar Rottnest Island que es una excursión de un día. Hay varias empresas que ofrecen el traslado a la isla y el alquiler de la bicicleta para recorrerla. Nosotros volvimos a Fremantle en tren para tomarnos el barco, el viaje cuesta 4,70 AUD y hay que bajarse en la última estación. Elegimos Rottnest Express que por 69 AUD te lleva y te trae de la isla y te alquila la bicicleta para andar ahí.

Rottnest Island es famosa por la belleza de sus playas y por los simpáticos y amigables quokkas. Un pequeño marsupial que es difícil de encontrar fuera de esta isla y el cual parece que tiene una sonrisa constante dibujada en su rostro y por lo cual es objeto continuo de deseo de los turistas para hacerse una selfie. Es triste ver como los ingenuos animalitos se acercan a los humanos solo en busca de comida y estos les dan desde galletas hasta papas fritas para poder sacarse una foto con ellos.

Rottnest IslandRottnest Island

La isla acoge a 500.000 turistas al año y parece que todos los animales supieran que el humano representa comida. Intentar comer algo en el pueblo significa pelearse con pájaros, quokkas y gatos para que no te roben un bocado de comida. A día de hoy, es demasiado tarde para cambiar los hábitos “salvajes” de estos animales pero estaría bien que las autoridades de la isla hicieran algo para que los visitantes no alimenten más a la fauna autóctona.

La isla es perfecta para recorrerla en bicicleta y así poder detenerse en los miradores y en la playas para observar a los delfines saltar en el agua y al mar azotar la costa empedrada. También, en el recorrido, es fácil cruzarse con enormes lagartos y alguna que otra serpiente venenosa. En definitiva, es una buena escapada para empaparse de lindos paisajes y de la naturaleza cerril e inaudita que esta zona del mundo nos convida.

QuokkaQuokka

De nuevo en Perth y empujados por el siempre agradable clima, dedicamos los pocos días que nos quedaban a recorrer la ciudad a pie. Perth da la sensación de que es una ciudad nueva y de que lo mejor está por venir, como si estuviera continuamente intentando llamar la atención de las agitadas ciudades del este sin mucho resultado. De hecho, si la comparamos con Sídney y, sobre todo, con Melbourne, podríamos decir que en Perth no sucede nada de real interés.

Esto no quita que haya cosas para hacer en la ciudad. Como dije antes, es una ciudad en desarrollo y que poco a poco se va integrando a la vida cultural del resto del país. Como puntos de interés podemos destacar la Bell Tower, un edificio futurista que alberga 12 campanas del siglo XIV traídas desde Londres. También la Catedral de St. Mary, sede del arzobispo de la ciudad. Y seguramente lo más bonito sea el Jardín Botánico, el Parque Kings y el paseo hasta el War Memorial desde donde es posible tener las mejores vistas de la ciudad y del río Swam.

PerthPerth

Caminando por Perth llegó el día que abandonamos Australia, y con él Oceanía, para entrar a Asia y cambiar así totalmente el paradigma y la forma de concebir el mundo que nos enseñaron en ese continente. Pero esa es otra historia que contaré más adelante. Con estas líneas dejo el recuerdo del país que más me gustó del viaje y en el cual no me habría importado quedarme un tiempo largo, sin tener en cuenta la vuelta. Australia me quedó incompleto y con la sensación de que nunca me aburriría de recorrerlo, motivos perfectos para volver.

– Damián

 

Información para diabéticos

Como casi todo el oeste australiano, salvo Perth y cercanías, cualquier lugar donde vayamos, nos sentiremos y estaremos todo lo lejos de la civilización que se pueda estar. Por este motivo hay que tener en cuenta algunas cosas y tomar ciertos recaudos. Por ejemplo, siempre hay que llevar encima algo que nos solucione las hipoglucemias imprevistas. En la mayoría de los pueblos y los parques nacionales es difícil conseguir algo que comprar de urgencia que nos suba el azúcar en esos casos. Nosotros siempre llevamos Gluc Up 15, que son 15 gramos de glucosa pura, y algunas barritas de cereales para mantenerme luego.

También hay que tener en cuenta que la sanidad pública en Australia es gratuita solo para los residentes. De este modo, si vamos a viajar allí, es recomendable llevar un buen seguro de viaje que cubra cualquier inconveniente relacionado con la diabetes. Nosotros contratamos el seguro de viaje para diabéticos de Correduría de Seguros Barchilon.

En esta zona de Australia las temperaturas tienden a ser cálidas, sobre todo en verano. Debido a esto, es importante refrigerar bien la insulina para que no se eche a perder. Lo ideal sería procurar una nevera para dejar la mayor cantidad de insulina posible en frío y hacer las excursiones con las cartucheras de Medactiv. Nosotros, además de usar estas cartucheras y debido a que no siempre teníamos una heladera a mano, compramos un cooler de playa y lo llenábamos de hielo para mantener una temperatura adecuada hasta llegar a un hotel o a una casa con nevera.

Para más información puedes leer nuestro post sobre diabetes en Australia.

Qué comer

A diferencia de Sídney o Melbourne, Perth no tiene todavía esa diversidad de culturas que también enriquecen la gastronomía local. Entonces, la cocina en esta zona del país es más similar a la británica, con más defectos que virtudes. Seguramente con más tiempo y dedicación, sea posible encontrar opciones más saludables y adecuadas para un diabético. Si no, siempre es posible alquilar un Airbnb con cocina para cocinar tu propia comida.

En el mercado de Fremantle encontramos una buena variedad de puestos con comida étnica. La mayoría tenían muy buena pinta pero nosotros no estuvimos el tiempo suficiente como para probarlos todos. De todas maneras, los que probamos no nos defraudaron. El resto queda para la próxima.

Dónde dormir

En Cervantes dormimos en el hostel Cervantes Lobster Lodge por 50 AUD para 2 personas. Al tener cocina, pude guardar la insulina en la heladera y volver a congelar los ice packs. Además nos brindaron información de las cosas de interés que podíamos visitar en la zona.

En Margaret River y en Bunbury hicimos Couchsurfing para ahorrar algo de dinero y también para conocer a buena gente local. En Australia en general hay una comunidad bastante activa de Couchsurfing siempre dispuesta a ayudar a los surfers que están viajando por el país.

En Perth alquilamos una habitación en un Airbnb por 50 USD por noche que estaba a una distancia caminable del centro y también muy cerca de la parada del bus gratuito que recorre casi toda la ciudad.

 

 

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