Bali

Dejábamos atrás Australia para adentrarnos en el continente deseado, Asia. Tantas historias, tantas anécdotas, tantas leyendas que habíamos escuchado y ahora nos tocaba a nosotros escribir nuestras páginas en el continente culturalmente más alejado a nuestro paradigma. Indonesia era la puerta de entrada a nuestra aventura asiática porque los vuelos desde Perth eran ridículamente baratos a Bali, la perla hinduista del país.

Era de madrugada cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Denpasar pero la oscuridad no era capaz de ocultar el calor y las palmeras del Ecuador. Volvía a sudar el clima tropical que tanto extrañaba desde Samoa y con mi mente ya dibujaba las olas perfectas que tantas veces había visto en videos y anhelado en sueños. Al fin estábamos en Bali.

Nuestro destino era Canggu, al norte de Denpasar y sobre la costa oeste de la isla. Ahí habíamos alquilado una casa en Airbnb por todo el mes. Solo 30 días era lo que las autoridades de Indonesia nos dejaban estar sin tener que pagar una visa. Sacar la visa al llegar al aeropuerto te permite extender los 30 días que te dan en un principio. Nosotros no teníamos intención de quedarnos más tiempo ni de pagar la visa así que un mes era todo lo que teníamos para disfrutar de Bali.

Habíamos arreglado con los dueños de la casa para que nos mandaran un taxi a esperarnos al aeropuerto y nos llevaran hasta Canggu. Solo deseaba que el día siguiente llegara para que el sol me regalara una perspectiva más amplia de aquel soñado lugar.

Echo Beach

Al día siguiente pudimos conocer y saludar a Made y a Dian, los dueños del lugar y nuestros vecinos para las próximas semanas. Dian nos gestionó el alquiler de la moto, que nos costó 800.000 rupias (50€) por todo el mes y en ella me fui a recorrer el pueblo en busca de una tabla de surf.

Aunque parezca irrisorio, en Bali es más barato alquilar una moto que una tabla de surf. El precio que me pedían por día para alquilar una tabla fue de 100.000 rupias (6€). Un mes entero 3.000.000 (180€), y siempre con el riesgo de romperla en alguna de las huecas y potentes olas de la isla. Al final, terminé comprando una tabla por 1.200.000 rupias (72€) y vendiéndola por 700.000 (42€) cuando dejé el país. En total gasté 500.000 rupias (30€) para tener una buena tabla durante todo el mes.

De esta manera, el primer día ya tenía todo para ser feliz durante un mes en Indonesia, solo faltaba que el mar acompañara a nuestro deseo de surfear. Y así nos fuimos sumergiendo en una plácida rutina marcada por el sosiego y por el Océano Indico.

Tengo que decir que nuestra llegada no fue tan placentera como parece. La primera noche salimos a festejar con Ashley el haber llegado a Asia y fuimos a cenar a un restaurante que tenía buenas referencias. Como nos gusta caminar, y porque recién habíamos llegado, no usamos la moto para ir hasta el restaurante y caminamos unos 25 minutos hasta ahí. A la salida, Ashley quedó rezagada porque frenó para ver un escaparate y se quitó la mochila para llevarla en una mano. Lo siguiente que escuché fueron los gritos de ella y un motorista llevándose su mochila. Afortunadamente, a ella no le pasó nada grave y en la mochila no tenía su documentación, solo dinero, las tarjetas de crédito y su teléfono.

Como suele ocurrir en estos países, hacer la denuncia es perder el tiempo y algo más de dinero. La misma policía te dice que necesitas un traductor oficial y ellos te dan un número de teléfono para que llames. Por supuesto, la cifra que te quieren cobrar por hora tiene más bien que ver con precios europeos y no con los del lugar. Luego, a la hora de hacer la denuncia con el traductor, todo el trámite tarda innecesariamente unas 3 horas para que haya dinero para repartir entre todos los estafadores involucrados. Un gran negocio a costa de la desgracia del turista.

Estatua BaliAl día siguiente y después de superar el mal momento, nos fuimos enterando que eso sucede habitualmente en Bali y que, en zonas como Kuta, a veces es más violento. Hay varias páginas de Facebook en donde los turistas cuentan las malas experiencias durante sus vacaciones en la isla. Probablemente lo más habitual sea el robo de los datos de la tarjeta de crédito para clonarla. Por este motivo hay que tomar todos los recaudos necesarios a la hora de sacar dinero del cajero automático y mirar habitualmente en internet los movimientos de la cuenta bancaria.

Como todavía nos quedaba un mes por delante, nos prometimos que ese desagradable suceso no nos iba a condicionar a la hora de disfrutar todo lo que nos deparara la isla. Y así fue, pasamos página y miramos hacia adelante sin rencor y con el único deseo de pasarla bien.

Canggu es un pequeño pueblo que todavía esconde rincones propios donde encontrar la cultura intacta de Bali. Si nos alejamos un poco de la calle principal ya todo cambia, los campos de arroz dominan el paisaje, el ritmo de vida se enlentece y las sonrisas iluminan los rostros de los lugareños. Alejado de la masificación de Kuta, del lujo de la costa este y de la plena occidentalización de Ubud, Canggu, por ahora, conserva el ambiente de un turismo relajado, con ganas de descansar y de aprovechar la generosidad del entorno. Pero hay que disfrutarlo ahora porque es evidente que Bali está turísticamente saturado y que los lugares rápidamente se ponen de moda para perder la identidad que los hacía diferentes.

La moto es el medio de transporte ideal para recorrer la isla. Mientras los autos no avanzan en rutas eternamente atascadas por el excesivo tráfico, las motos no tienen ley y todo es válido para seguir adelante. Por eso, es normal ver motos pasando por las aceras y haciendo maniobras peligrosas para superar otros vehículos. Si te da miedo manejar, Bali es uno de los peores lugares del mundo para salir a la ruta. Todo dependerá de tu capacidad de mimetizarte con el caos, piensa que nadie quiere tener un accidente y entonces la duda está fuera de cualquier acción. Si quieres doblar, solo hazlo y el resto ya hará lo necesario para esquivarte, no lo pienses porque dudar es peligroso para ti y para el resto. Los semáforos son escasos, entonces avanza, solo avanza.

Tanah Lot

Tanah Lot

En moto visitamos todo lo que queríamos ver de Bali. Cerca de Canggu, en un entorno privilegiado y a orillas de un mar embravecido está el templo Tanah Lot. En la cima de una pequeña isla y con todo el misticismo que rodea a casi cualquier templo hindú, una edificación austera, casi imperceptible, se erige como la protectora del océano, como si el venerado fuera el mar. Hay que tener en cuenta que para entrar a todos los templos, tanto las mujeres como los hombre deben taparse las piernas. Según la vestimenta, las mujeres también tienen que taparse los hombros. Lo mejor es comprarse un sarong para utilizar durante todo el viaje cada vez que sea necesario, si no, en algunos lugares intentarán cobrarte por el alquiler del mismo.

Aunque las distancias en el mapa parecen cortas, en realidad cualquier desplazamiento, tanto por el tráfico, como por perderse o simplemente por las carreteras, implica una hora como mínimo para llegar al destino. Entonces así íbamos eligiendo algún día de la semana para hacer una excursión para pasar el día recorriendo alguna parte de la isla.

MonkeyMonkey Forest

Así fue como un día nos fuimos hasta la zona de Ubud donde se pueden ver los vecinos campos de arroz en terrazas y después de recorrer el pueblo se pueden visitar los templos cercanos. Entonces primero fuimos al Monkey Forest a divertirnos viendo como los monos le robaban sus pertenencias a los turistas desprevenidos. También se pueden comprar bananas dentro para que en 2 minutos seas desvalijado por monos hambrientos y desvergonzados. Y no se te ocurra abrir la mochila ni para guardar la cámara porque enseguida tendrás un grupo de monos dispuestos a todo para saber que llevas dentro.

Rice Terrace

Después de ahí nos fuimos a empaparnos de la espiritualidad de Bali recorriendo algunos de los templo de la zona. Primero fuimos a Goa Gajah, la cueva del elefante, y que con el tiempo nos dimos cuenta que es distinto a todos los demás por su caverna. Después fuimos a Pura Tirta Empul donde vimos a cientos de balineses bañándose en las piscinas de agua sagrada para purificarse. Más allá de las creencias que uno pueda tener, el espectáculo que brinda todo el templo vale una visita. Por último fuimos a Gunung Kawi, el templo de los reyes, que con sus esculturas talladas en piedra y arropado por un paisaje privilegiado se le debe dedicar el tiempo necesario para recorrerlo con calma y no perderse ningún detalle.

Elephant Cave

Bali

Ubud es un pueblo totalmente occidentalizado dentro de la Bali rural. No por esto deja de ser bonito, pero tanto los precios de sus restaurantes como el ambiente que se respira no deja de ser occidental. Si lo que buscas es un curso de yoga o un coworking para trabajar, sin duda Ubud es tu sitio. Pero si lo que vienes a buscar es playa y lugares más baratos, puedes visitar Ubud durante el día y será suficiente.

Otro día fuimos hacia el este, quería conocer la famosa ola de Keramas, la remota playa White Sandy y el fotogénico Taman Tirta Gangga. Hay que estar atentos para no pasarse de largo para llegar a Keramas. Las rutas no están especialmente señalizadas y muchas veces la mejor opción es preguntar y rezar para que te entiendan. Keramas, si no fuera por esa gloriosa derecha que la llevó al estrellato, no tendría demasiado atractivo y pasaría desapercibido para alguien a quien no le gusta surfear.

Keramas

Para llegar a White Sandy Beach hay dos opciones y nosotros elegimos la peor de ellas. La primer entrada no la vimos y seguimos hacia adelante hasta ver una señal que marcaba dirección hacia la playa. A mitad de camino, una especie de peaje improvisado te detiene y te pide 3 euros. Creyendo que era el precio que había que pagar para dejar la moto y conocer la playa, los pagamos sin cuestionarnos la situación. Unos metros más adelante está el estacionamiento para dejar la moto y el sendero para descender hacia la playa. Cuando este se termina y un mar obscenamente verde se enfrenta a ti, una persona te corta el paso y te da una carta para que la leas donde dice que tendrías que haber agarrado la otra entrada porque saben que ya te cobraron por usar el camino pero ellos tienen que cobrarte de nuevo para dejarte entrar a la playa. Con cara de estúpido y cansado de andar en moto, desistes de cualquier queja y vuelves a pagar sabiendo que alguno te está robando, o tal vez todos.

White Sandy BeachWhite Sandy Beach

La playa es demasiado bella para el mal gusto de las construcciones que invaden la arena y le quitan toda la magia al lugar. Viendo la exuberancia del entorno, uno maldice la desdicha de haber llegado demasiado tarde y no haber encontrado ese lugar intacto y tal cual la naturaleza lo habría preservado, más allá del ridículo precio que te hacen pagar para entrar.

Por último fuimos hasta Taman Tirta Gangga, un palacio real con un restaurante y un salón de fiestas dentro pero donde la mayor atracción es el agua. No en vano también es conocido como el Palacio de Agua. Antiguamente era donde el rey de Karangasem se bañaba en las piscinas de aguas sagradas. Hoy es un hermoso lugar abierto al público y en donde también se puede comer y hasta festejar bodas. La entrada cuesta 20.000 rupias.

Water Palace

Una excursión aparte también merece la Península de Bukit, el punto más al sur de la isla y en donde están las mejores olas de todo Bali. Una vez pasado el aeropuerto y Jimbaran, sobre la costa oeste las olas de izquierda se suceden sin parar hasta llegar a la archiconocida Uluwatu. Para el que alguna vez soñó con las olas de los videos de surf, casi todas están ahí, desde Balangan hasta Padang-Padang, pasando por Dreamland e Impossibles.

Uluwatu

Al atardecer se puede ir hasta el templo de Uluwatu, a orillas del acantilado y con el mar y el sol como ofrenda. El lugar es estremecedor y las vistas incomparables y a esa hora y todos los días hay una obra de teatro en donde se recrea la danza del fuego y un coro de hombres musicaliza el espectáculo imitando los gritos del mono (Kecak Dance). Cuidado con estos animales porque todo el recinto está lleno y vimos a algún turista tener que volverse descalzo porque le habían robado las chancletas.

Kecak DanceMonkeys

Más al sur comienzan las playas remotas, de difícil acceso pero seguramente las más lindas de toda la isla. Ya no hay edificaciones arruinando el paisaje, la arena es conmovedoramente blanca y el mar tan verde como una esmeralda. Y de estas, probablemente las mejores sean Gunung Payung y Nyang-Nyang. Recuerda que tendrás que pagar para acceder a ellas o por lo menos en el parking para que te cuiden la moto.

Nyang NyangNyang Nyang

En el este de la península se encuentra el área lujosa de Bali, con Nusa Dua como la zona más elitista y reservada al turismo de resort. Nosotros llegamos ahí para hacer una entrevista en el hospital privado y al entrar al barrio nos pararon para preguntarnos adonde íbamos y para qué. Todo el lugar tiene una estética cuidada, con anchos bulevares, un tránsito ordenado y con nada que se parezca al resto de Bali. Interesante para ver pero imposible de pagar para unos bolsillos ya heridos por los siete meses de viaje anterior.

Otra vez me fui hacia el norte, en busca de las zonas volcánicas, de las cascadas y de las tierras “frías”. Singaraja fue la antigua capital administrativa de Bali y todavía es posible ver algunos edificios heredados de la época colonial holandesa ya que para ellos esta ciudad era el puerto de entrada a la isla.

Mount Batur

Un poco más al este se encuentra el monte Batur, desde donde se ven los mejores amaneceres de Bali. Al ir en moto desde las tierras llanas de Canggu hasta Kintamani, bajo las faldas del Batur, pude sentir como el aire se enfriaba, y al ver los puestos al borde de la carretera donde solo venden naranjas entendí que estaba en otro Bali, lejos de las palmeras y del calor del sol.

Entretenido con la apacible rutina de Canggu, donde la vida giraba alrededor del mar y el tiempo era un recuerdo lejano, me quedaron muchos lugares para visitar dentro de Bali. Pero era lo que iba a buscar, caminar descalzo y con mi tabla hasta la playa y entre las ofrendas a los dioses, observar el eterno planear de las cometas que invaden los cielos de Bali, cruzarme y devolverles las sonrisas a los nativos y surfear hasta el anochecer todos los días posibles. Y sin darme cuenta, pasó un mes hasta que Ashley me devolvió a la realidad y me dijo que debíamos tomarnos otro avión al continente. Y con el pesar de saber que el sueño se acababa, abandonamos la Isla de los Dioses, la Isla de la Fantasía.

-Damián

Información para diabéticos

Si bien la comida de Bali es gloriosa para un vegetariano e incluso para un diabético no vegetariano, el arroz blanco es casi inevitable en cualquier restaurante local (Warung) y es el acompañamiento de todos los platos. Además, muchas de las salsas que utilizan llevan bastante azúcar, incluso la de soja. Entonces un Nasi Goreng, el plato nacional, siempre será la opción más barata y seguramente más sabrosa, pero ten en cuenta que 100 gramos de arroz blanco cocido tiene 28 gramos de hidratos de carbono.

En todo caso, Bali afortunadamente está lleno de restaurantes con otras opciones y con comida occidental para no abusar del arroz y de las salsas dulces.

Nosotros estuvimos en un hospital privado para hacer una entrevista acerca de la diabetes, pudimos ver sus instalaciones y tienen infraestructura hasta para hacer diálisis. Pero ten en cuenta que si no quieres pagar por la atención médica, deberás contratar un seguro de viaje en tu país de origen. Nosotros viajamos con el seguro para diabéticos de la Correduría de Seguros Barchilon.

Bali, al ser un país tropical, durante el día el calor puede llegar a ser excesivo y hay que estar bien hidratado y tener en cuenta la correcta conservación de la insulina. Nosotros, al haber alquilado una casa, teníamos nuestra propia nevera para guardarla y cuando nos íbamos de excursión nos llevábamos alguna de las cartucheras de Medactiv para mantenerla a una buena temperatura. Suponemos que en los hoteles no tendrán problema en guardarte la insulina en frío pero asegúrate de que no lo guardan en el freezer.

Por último, en casi todos los pueblos hay tiendas donde conseguir alguna bebida o comida en caso de una hipoglucemia. Ten en cuenta que al ser un lugar cálido, tendrás que modificar la dosis de insulina rápida porque con calor el cuerpo la absorbe mejor y seguramente necesitarás menos cantidad. Para los casos de bajones de azúcar, nosotros siempre llevamos en la mochila Gluc Up 15 para solucionarlos, aunque siempre es recomendable comer algo después de estar recuperado.

Para más información puedes entrar en la entrevista sobre la diabetes que hicimos en el hospital BIMC de Nusa Dua.

Donde dormir

Nosotros alquilamos una casa en Canggu por Airbnb que nos costó 400€ todo el mes. Por supuesto que hay opciones más baratas y más caras. En Booking hay habitaciones dobles desde 4€ la noche y en la exclusiva zona de Nusa Dua, cerca del mar, desde 115€. Ya que Bali está bastante explotada turísticamente, hay opciones de alojamiento para todos los bolsillos.

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