Berlín

Alexanderplatz¿Por qué Berlín es la mejor ciudad de Europa? ¿Porque puede recorrerse toda su extensión en bicicleta? ¿O porque es más barata que cualquier otra capital de Europa occidental? ¿O porque “todo sucede” ahí? ¿O porque posee una de las historias más descabelladas del planeta? ¿O porque no existe esa necesidad imperiosa de llenar cada espacio con cemento que tienen el resto de ciudades? No puedo asegurarlo, pero si puedo afirmar que nunca me aburriré de visitar Berlín.

Había estado el año pasado por estas fechas también. Pero esta vez iba con Ashley y había que combinar mis ganas de conocer lugares nuevos con mostrarle a ella los sitios increíbles que yo ya conocía.

Llegamos a la tarde, y el autobús del aeropuerto nos dejó a mitad de camino con una explicación inentendible en alemán. Aprovechamos para ir a la oficina de turismo de la estación Hauptbahnhof donde la persona que nos atendió sólo nos enseñó sus pocas ganas de trabajar y su total desinterés por el turista.

Con unas ganas furiosas de llegar al hostel, nos tomamos el metro hasta Hermannplatz donde nos estaba esperando mi querido amigo Andy. Conocedor del barrio, Andy nos llevó a un bar a degustar las sabrosas cervezas alemanas (yo me tomé una oscura que me hizo volar) y más tarde nos juntamos con otras argentinas para cenar unas pizzas de 2€. Berlín tiene esas sorpresas, si estás realmente hambriento y abandonaste las pretensiones gastronómicas por un momento, se puede comer por menos de 5€.

Al otro día, nos despertamos temprano para alquilar unas bicicletas (12€ por día), previo paso por una cafetería turca para desayunar abundantemente por 2,5€ cada uno. Guardo todavía en mi paladar el sabor del Börek, una especie de empanada de espinaca y queso que te hace olvidar que estás en este planeta.

Berlín transcurre en una bici-senda. Toda la ciudad está preparada para ser transitada en bicicleta y hasta los autobuses deben parar para dejarte pasar. Literalmente, eres el dueño de la ciudad cuando vas montado sobre tus pedales. Tal vez sea la mejor manera de recorrer Berlín debido a su abrumadora extensión, pero también por eso, hay que estar bastante en forma como para hacer una media de 40 km diarios. Todo es grande en Berlín, y por ende, todo está lejos.

Ya con las bicicletas, nos fuimos en busca de diversión al Tempelhof, un antiguo aeropuerto devenido en parque. Para hacerse una idea de lo grande que es la terminal, hasta la construcción del Pentágono, fue el edificio más grande del mundo. Un coloso inabarcable que se extiende por 1 km sin interrumpir la armonía del lugar. Tempelhof dejó de ser usado como aeropuerto en el 2008 y fue convertido en el mayor parque de Berlín. Lo mejor que uno puede hacer es ir con una bicicleta, detenerse por un instante al principio de la pista, contemplar el infinito y pedalear para intentar alcanzarlo. Pocas veces en mi vida sentí esa sensación de libertad, es evocar, por unos segundos, la niñez en plena adultez, jugar a tener un aeropuerto y, con un pedaleo soñador, desear tocar las nubes una vez más…

Tempelhof

De ahí nos fuimos a Teufelsberg, una colina hecha de escombros en los 20 años siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial. Allí, en plena guerra fría, la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) colocó un centro de operaciones para interceptar las comunicaciones del lado Este de la ciudad. A día de hoy, sólo se conservan las siniestras ruinas de uno de los lugares más perversos que existieron cuando el mundo estaba dividido en dos. Sin duda, Pink Floyd podría haber grabado algún videoclip entre sus paredes. Actualmente se puede entrar por 7€ y recorrer parte del edificio principal que, a su vez, funciona como galería de arte grafitero. Los fines de semana también hay tours guiados, tal vez esa sea la mejor forma para no perderse ningún detalle de tan sórdido lugar. El incesante eco del último piso retumba todavía hoy en mis sueños insondables.

Teufelsberg

Desde allí, otra pedaleada eterna hasta el hostel, ducha, cenar e ir a tomar algo a Klunkerkranich, un bar imposible en la terraza de un centro comercial. Es extraño entrar a un shopping cerrado, tomarte un ascensor, cruzar un parking semivacío y llegar a un bonito bar para contemplar uno de esos quiméricos atardeceres que sólo Berlín puede obsequiar. Un par de cervezas y a dormir. Lo malo de exprimir los días es que uno llega a la noche rendido, y nunca se está a la altura para aceptar la noche en su plenitud.

El día siguiente amaneció lluvioso, mañana complicada para pedalear bajo una lluvia torrencial, pero igual así, fuimos al Reichstag para visitar su hermosa cúpula acristalada, diseñada con exquisita avenencia por Norman Foster y en donde cada curva tiene una razón de ser y cada elemento contribuye a la genial euritmia de la obra. Para visitar el edificio en necesario reservar la hora con uno o dos días de antelación.

Todavía mojados y oliendo a humedad, fuimos a refugiarnos de la hostilidad del clima al museo de los Ramones. No nos gustó mucho la actitud que tuvieron con nosotros. Antes de entrar al museo, tomamos unos cafés y comimos algo en el bar y lo pagamos en el momento. Lo que no sabíamos era que consumiendo algo y comprando la entrada en el momento, esta salía más barata. Entonces, cuando quisimos entrar al museo, nos cobraron la entrada como si no hubiéramos consumido nada. No creo que sea necesario llegar a ese punto para recaudar más dinero. El museo vale la pena, hay unas cuantas joyas de la banda que no tienen desperdicio y que, si te gustan los Ramones, te harán sentir una inaudita y nostálgica alegría.

Después del museo, nos encontramos con Andy para ir al museo Martin-Gropius-Bau para ver una exposición de Thomas Struth, fotógrafo alemán de la Escuela de Düsseldorf. La exposición fue fántastica, pero lo que realmente nos llamó la atención fue que el museo cobra por separado para ver cada exposición. Es decir, si hay cuatro exposiciones al mismo tiempo en el edificio, tendrás que pagar más de 40€ para verlas todas. Es difícil de entender y por eso nos quedamos con ganas de ver otras cosas interesantes que también había en el museo.

Luego, nos fuimos a pasear por el Tiergarten para reacomodar nuestras ideas después de tanto arte. Este parque tiene la particularidad que posee rincones tan taciturnos y sombríos que te transporta a lugares inhóspitos, alejados de una ciudad de 3,5 millones de habitantes.

Tiergarten

El sábado prometía sensaciones intensas. Arrancamos esquivando la lluvia que asediaba, intermitente, la mañana plomiza. Llegamos a Treptower en nuestras bicicletas y nos encontramos de frente con el Monumento Conmemorativo a los Soldados Soviéticos, un fastuoso panteón que sirve de descanso a 5000 de los 80000 militares soviéticos muertos en la Batalla de Berlín. El monumento impresiona, está repleto de simbología y su magnitud amilana. Al principio se ve la estatua de La Madre Patria llorando por la pérdida de sus hijos. Tras una caminata entre sauces llorones, llegamos a la entrada, dos grandes paredes de granito rojo, simbolizando la bandera de la URSS, dan cobijo a dos soldados arrodillados. Más adelante se extienden unos jardines flanqueados por dieciséis sarcófagos de mármol que representan las dieciéis repúblicas soviéticas de aquel momento. Los sarcófagos están tallados con imágenes de la guerra y del fin del nazismo que simbolizan el heroísmo y el sufrimiento de los soldados soviéticos.

Treptower
Al final del camposanto, el monumento está coronado por un gran soldado de bronce de 12 metros de altura, con una niña alemana en un brazo y una espada destruyendo una esvástica en la otra mano. Hay que estar ahí para sentir la magnificencia en todo su esplendor.

Treptowerpark

Después del parque nos fuimos al East Side Galley, un tramo del Muro que todavía sigue en pie y que hoy está pintado por artistas de todo el mundo, una gran galería de arte al aire libre en favor de la paz y la reunificación de Alemania.

East Side Gallery

Pero si realmente se quiere ver y sentir el rigor de lo que significó el Muro de Berlín, lo mejor es ir al Memorial de Bernauer Straße. Allí está el Centro de Documentación y el Centro de Visitantes donde se puede conseguir más información sobre lo que significó esa infame pared que dividió a la ciudad en dos. Esta zona fue conocida como la franja de la muerte, y fue en la parte donde hubo más intentos y más fugas de todos los 45 km que se extendía el Muro. Durante todo el recorrido se pueden ver fotos y escuchar testimonios de la gente que vivió o se escapó de ese lugar. Es complejo imaginar que el 13 de agosto de 1961, la gente que vivía en esa calle amaneció sin poder salir de su casa por la puerta principal del edificio porque eso suponía abandonar Berlín Oriental. Más adelante, al darse cuenta que las personas se tiraban por las ventanas para alcanzar la “libertad” que ofrecía el capitalismo del Oeste, la autoridades de la URSS tapiaron todos los frentes de los edificios para así evitar que la gente se siguiera escapando. No usaría la palabra agradable para describir el paseo, pero si que es muy interesante. Aunque es ameno y de un diseño extraordinario, al acabar el recorrido es difícil hablar, estremece concebir la crueldad humana y su nefasto desprecio hacia la libertad. Hacen falta unos minutos para desenredar los pensamientos y sentimientos que esta excursión genera.

Bernauer Strabe

Más tarde, reencuentro con amigos, intentos, en vano, para cenar a deshoras alemanas y otro pedaleo interminable hasta la cama. El domingo era el último día entero en Berlín y había que aprovecharlo.

A la mañana fuimos a devolver las bicicletas, estábamos decididos a caminar por la ciudad, aunque eso significara destrozar la tiranía del reloj.
Hicimos una visita fugaz al Monumento a los judíos muertos durante el nazismo y a su museo subterráneo. Otro lugar de Berlín que invita a la reflexión y rememora la fatídica historia de Alemania.

Memorial a los Judios

Al mediodía fuimos al Mauerpark a comer comida étnica callejera, realmente dan ganas de probar todo y pasaría la tarde entera degustando cada uno de los platos, pero la multitud es tal, que te dan ganas de escapar cuanto antes. Una pena, es un lindo lugar para pasar la tarde, pero el trasiego constante de cientos de personas no ayudan a encontrar el sosiego esperado del domingo. Por ese motivo, nos fuimos al Río Havel, a 20 minutos del centro, con nuestros amigos en busca de la paz que sólo la naturaleza es capaz de ofrecer y para ser testigos de otro sublime atardecer. Saber que Berlín posee esos lugar excelsos a tan poca distancia contribuye a alimentar mi teoría de que es la mejor ciudad de Europa.

Río Havel

A la noche, cena y charla con nuestros anfitriones y a descansar. Al otro día teníamos un largo camino a casa.

Nos despertamos y fuimos a desayunar algo típico alemán. Para destacar, la variedad interminable de panes que te dan para elegir. No es fácil decantarse por alguno cuando todos parecen extraordinarios.

Podría hablar eternamente de Berlín pero voy a resumirlo sólo en una frase: Volvería mañana mismo si pudiera.

DONDE DORMIR

Berlín, al ser una gran ciudad, ofrece todo tipo de alojamientos y a todo tipo de precios. Nosotros nos quedamos 2 noches en un hostel con habitaciones compartidas de 4 personas y pagamos 22 euros cada uno por noche. El resto de los días usamos Couchsurfing. Dependiendo del presupuesto, es fácil conseguir un alojamiento que se ajuste a nuestras pretensiones. Sin son varias personas las que viajan, nosotros recomendaríamos Airbnb donde hay una cantidad inimaginables de opciones para elegir.

QUE COMER

No creo que pueda nombrar una comida típica berlinesa, más que sus famosas currywurst. Muchas veces se sirven con papas fritas, así que hay que tener en cuenta que 30 gramos de éstas son una ración de Hidratos de Carbono.

Hay miles de restaurantes, y la mayoría de comida siempre tiene un toque turco. Pero tampoco es difícil encontrar restaurantes de cocina vegetariana o, incluso, vegana. Berlín es un gran parque de diversiones para los que nos gusta comer bien. Para destacar, un restaurante judío cerca de la sinagoga llamado Hummus and Friends, increíble su sopa con leche de coco y jengibre.
Es complicado hacer una valoración para los diabéticos siendo la oferta tan amplia. Sólo recuerda que, al ser una ciudad tan extensa, vas a hacer mucho ejercicio para poder recorrerla y entonces deberás tener en cuenta eso para calcular tus dosis de insulina.

– Damián

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