Christchurch

Después de Wellington llegaba la deseada Isla Sur y descubrir porque todos los que han estado en Nueva Zelanda guardan mejores recuerdos de esta isla que de la Norte.

El viaje en ferry cuesta NZD 53 por persona y para subir el auto hay que sumarle otros 120. Cruzar el estrecho de Cook lleva unas 3 horas y media. Nosotros hicimos el trayecto de noche ya que ese horario es el más barato de todos, embarcamos a las 2 de la mañana y para las 6:00 ya estábamos en Picton. Hay dos empresas que hacen este viaje, Bluebrigde e Interislander.

Nuestro primer destino en la isla sur era Christchurch pero debido al terremoto de noviembre en Kaikoura, la ruta más rápida y directa estaba cerrada porque había partes que todavía estaban intransitables. Así que nuestro periplo se hizo más largo de lo esperado y tardamos 6 horas ya que tuvimos que ir por el paso Lewis. Y mientras avanzábamos por el camino, agradecí el desvío y entendí aquellas palabras que me dijeron antes de salir de Bilbao, la Isla Sur es todo. La carretera serpentea, primero entre viñedos y sierras, después entre montañas y ríos de azules misteriosos para más tarde adentrase en la llanura de la costa este.

Maruia falls

Ruta 67

Y de esa manera alcanzamos Christchurch, la ciudad más grande de la isla sur y la que pelea con Wellington el segundo puesto de Nueva Zelanda. La primera sensación que te da la ciudad al caminar por el centro es que el terremoto que la azotó en el 2011 pasó ayer. Muchos edificios en ruinas, otros abandonados, manzanas vacías, un paisaje desolador dentro de una ciudad que lucha por renacer. Cuesta entender que ha pasado en estos 6 años de “reconstrucción”. Supongo que habrá sido una mezcla de falta de dinero y desidia lo que hizo que después de todo este tiempo, y a día de hoy, la ciudad parezca que se recupera de una guerra.

Christchurch

Y a pesar de todo, Christchurch sigue teniendo un encanto arrollador. Todavía me cuesta encontrar las razones exactas de porque es una ciudad agradable para estar. ¿Será por sus playas? ¿Será por su cercanía a la Península Banks? ¿Será por su espíritu de superación? O, seguramente, sea por todo esto.

Como ciudad, y a pesar de sus ruinas inevitables, Christchurch tiene una agitada actividad cultural. Sus museos, aunque pequeños, son dignos de una visita relajada, con el suficiente tiempo para explorar el secreto de cada rincón. Sobre todo, la Christchurch Art Gallery es el que se lleva todos los aplausos y en donde podría haberme quedado unas horas más disfrutando de la exposición de David Haines y Joyce Hinterding que había en ese momento.
Además, cuando estuvimos nosotros había muchos espectáculos callejeros y también funciones de cine al aire libre en la Universidad de Canterbury.

Christchurch Art Gallery

En el centro, y como símbolo de su perseverancia, hay una zona de ocio con cafés y tiendas que son contenedores de barco acondicionados para ese propósito. Hay sentimientos encontrados al caminar por ahí. La tristeza por lo que se perdió es evidente, pero la lucha por no claudicar bajo los efectos del desastre natural se expresa orgullosa en cada nuevo paso. Así, las grúas se erigen como representación de la esperanza en el porvenir y como alegoría de un siguiente renacer.

Otro motivo suficiente para visitar Chrischurch es el mercado de los sábados en Riccarton Bush. Cada sábado llegan los granjeros con sus productos más selectos para ofrecerlos a aquellos que, todavía hoy, valoran el verdadero y genuino sabor de lo que comen. Además de las frutas y verduras, hay otros puestos con productos caseros que van desde mermeladas hasta salmón ahumado, todos para saquearlos y luego asumir la culpa con todas sus consecuencias. Un consejo producto de varios sábados volviendo sin un dólar a casa, ir con el dinero justo e ir probando cada semana algo diferente porque, de lo contrario, se puede echar a perder hasta el más rígido y calculado de los presupuestos.

El Jardín Botánico también es una parada obligatoria. Con árboles, algunos centenarios, de todo el mundo, pasear por ahí es viajar en el tiempo y en el espacio de la mano de todos nuestros sentidos. También se puede alquilar un bote por NZD 12 la hora y recorrer el parque por el río que lo bordea. Hacer ese paseo con un gondolero que reme por ti cuesta NZD 28.

Chch, como les gusta llamarla a los locales, tiene varias playas destacables. New Brighton es un arenal kilométrico que gira alrededor de su muelle central. Las olas aquí rompen cuando el swell es del norte o cuando llega del sur muy grande. Al ser una playa larga, hay varios picos y las corrientes son fuertes y agotadoras.

Taylor´s Mistake

La siguiente playa es Sumner. Esta es disfrutable con marea baja ya que cuando el mar sube no queda casi nada de arena. En el centro hay unas piedras formando cuevas y refugios para el viento que parecen puestas por el hombre pero, en realidad, son un dulce obsequio de la naturaleza

Pasando Sumner y un monte, se encuentra Taylor’s Mistake, seguramente la más linda de todas las playas de Christchurch. Es un exquisito cobijo entre acantilados, con olas divertidas y, en verano, con una muchedumbre por momentos abrumadora.

Taylors Mistake

Godley Head Park

Christchurch se esconde detrás de la Península Banks, un caprichoso y perfecto círculo de montañas sobre el mar. De la llanura más inexpresiva pasamos al relieve más abrupto e inaccesible, como si la naturaleza contara con la curiosidad innata del ser humano y quisiera esconder sus tesoros bajo una geografía impredecible.
La península está repleta de calas y playas de una belleza arrolladora. A casi todas se llega por difíciles caminos de grava y es posible que te des cuenta, al llegar, que eres la única persona pisando la playa de tus sueños. Si te gusta el surf, sin duda la mejor playa es Magnet Beach, un point break de izquierda que abraza de frente a todos los swells que vienen del sur. Si además de las olas quieres sentir la excelsa vanidad de creerte solo y alejado de cualquier vestigio de civilización, tu playa es Hickory Beach. El camino de grava está literalmente colgado de la montaña y, sin medidas de seguridad, serpentea entre acantilados sin fondo y en el cual cualquier curva podría ser la última.

Magnet Bay

Hackory Beach

Además, en la Península Banks está Akaroa, un pintoresco pueblo con raíces francesas que descansa a orillas de la bahía más grande de la zona. A este pueblo es preferible ir entre semana y a la tarde porque, de lo contrario, la cantidad de gente que pasea por sus calles puede derivar en una incomodidad que te acompañará el resto del día. Akaroa es una parada obligatoria de todos los cruceros que bordean Nueva Zelanda y ver desde el camino más de un barco atracado en la bahía es sinónimo de cientos de personas recorriendo el lugar. De todas formas, vale la pena una visita y, además, desde allí salen excursiones para nadar con delfines o, simplemente, recorrer la bahía en barco. Hay varias empresas que ofrecen estos servicios y el precio varía según lo que se elija hacer, pero empiezan en los NZD 75 por sólo ver la bahía.

Akaroa

A 3 horas hacia el norte y obligados a llegar desde el sur porque desde el norte la ruta está cortada, está Kaikoura. Este pueblo era conocido porque desde su puerto salían una infinidad de barcos con el objetivo de ser testigo de la exuberancia del océano y de su vida salvaje. Lamentablemente, hoy es más conocido por el terremoto que sufrió hace unos meses y del cual todavía perduran sus secuelas. Hacia el tramo final de la carretera, cuando transcurre entre el mar y las vías del tren, se puede observar el asfalto rajado y abierto por las estremecedoras garras de la Tierra, las vías tapadas por el acantilado que decidió dar un pasó hacia adelante, y los contenedores aguantando un desastre mayor.

El pueblo todavía se recupera del susto, los barcos todavía no salen con la frecuencia que solían salir, algunas tiendas, en su interior, reflejan el caos vivido y, como sus dueños tienen prohibido entrar, están tal cual las dejó las sacudidas del terreno. Parece como si un grupo comando haya tenido que escapar sin poder robar nada más que los sueños de sus propietarios.

Kaikoura

Los que todavía se niegan a abandonar el lugar son los leones marinos. A un costado del pueblo hay dos caminos, uno por arriba y otro por abajo del acantilado, que bordean toda la costa y en los cuales se puede observar las colonias de estos animales que descansan ajenos al miedo y sin perturbarse por el mañana. Un paisaje marino, empedrado y repleto de lobos marinos al sol es la simple y exquisita belleza que tiene el lugar para ofrecer hoy.

Nuestros días en Christchurch se fueron apagando a mi pesar y aunque reconozca que el clima estaba condicionado por el verano, que en un mes no me puedo aburrir de casi ningún lugar y que la tierra tiembla con temible asiduidad, es el lugar de Nueva Zelanda en donde me sentí más cómodo y el que más pena me dio dejarlo atrás. Seguiré buscando en mi mente las indescifrables razones de tal elección, o tal vez, deje a mi corazón regocijarse en el eterno recuerdo de un nuevo hogar.

-Damián

Información para diabéticos

Christchurch, al ser la ciudad más importante de la Isla Sur tiene una buena infraestructura, con un buen hospital y aceptables servicios por lo que nos contó Brendon en la entrevista que le hicimos. Pero tampoco hay que olvidarse que para tener acceso gratuito a la sanidad hay que ser residente del país. En caso contrario, es preferible ir con un buen seguro de viaje que cubra cualquier circunstancia relacionada con la diabetes. Nosotros elegimos el seguro viaje de Barchilon.

En la Península Banks es posible hacer varias caminatas por los montes de la zona pero para ello hay que estar preparado. Siempre llevar agua para estar hidratado y algo para comer por si nos da una hipoglucemia. Yo suelo llevar Gluc Up 15 y barritas de muesli.

Donde dormir

La oferta hotelera de Christchurch es variada y para todos los bolsillos. Hay hostels baratos desde 9 euros, hoteles desde 40 y Airbnb desde 15. Nosotros alquilamos una habitación en una casa compartida que nos costó NZD 180 por semana.

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