Diabetes en Samoa

En los últimos diez años, la reputación de las islas del Pacífico como destino de luna de miel ha sido reemplazada por un nuevo y preocupante título: La región con la taza de diabetes más alta del mundo. Según la Fundación Mundial de la Diabetes, más de la mitad de los isleños del Pacífico son obesos y uno de cada cuatro vive con diabetes.

Por esta razón, era importante para nosotros incluir al menos una de las islas del Pacífico en nuestro itinerario. El presupuesto y la logística finalmente determinaron cual: Samoa. Si bien la epidemia de diabetes en Samoa no es tan grave como en otras islas del Pacífico, su lucha contra la enfermedad si que es representativa de la crisis que afecta a la región.

Para empezar, el tamaño es evidente. Los samoanos son como gigantes, en sus sonrisas y en su masa corporal, y no queda muy claro cuanto hay de esto en la genética y cuanto en sus cambios en su estilo de vida. Sin embargo, durante nuestra estancia, pudimos observar dos tipos de samoanos bien diferentes. El samoano de Savai´i -la isla que todavía mantiene el estilo de vida tradicional- más esbelto y musculoso. Y, aunque sus cuerpos siguen siendo grandes, parecen ser así, de huesos grandes, pero no obesos.

Y por otro lado, la isla de Upolu, más desarrollada, enseña al samoano “más moderno”, con mayor acceso a la comida occidental y a oportunidades de trabajo. Con más poder adquisitivo, generalmente la población de esta isla elige comprar comida procesada e importada en vez de comida local. Además, esta nueva manera de alimentarse está considerada más “cool” entre ellos. Y para sumar problemas al asunto, en esta isla, la gente usa autos y buses para moverse y pueden llegar a tener trabajos mas sedentarios. Como consecuencia, pueden verse personas obesas en casi todos lados.

Por supuesto, la diabetes puede manifestarse de muchas maneras, no sólo a través de la obesidad, y nosotros queríamos entender la imagen completa.

Samoa es el primer país que hemos visitado en nuestro viaje que no está considerado del primer mundo y, en consecuencia, nuestras conversaciones eran notablemente diferentes. Aquí no hay clínicas de diabetes ni grupos de apoyo para diabéticos y tampoco tuvimos mucha suerte con las entrevistas individuales por el miedo a la estigmatización y por la desinformación. Sin embargo, preguntando un poco, nos mandaron a la sección del hospital de Apia que se encarga del cuidado de los pies de los pacientes con diabetes (DFC, Diabetes Foot Clinic) y a la Fundación Nacional de Riñón de Samoa (NKFS por sus siglas en inglés). Además, también hicimos dos talleres de diabetes en nuestros hoteles, Le Manumea en Apia y Vacation Beach Fales en Manase.

En la Fundación Nacional de Riñón de Samoa aprendimos que los fallos renales, una de las consecuencias de la diabetes mal tratada, ha crecido en los últimos años. “Antes podías ver diabetes y diálisis en personas de 60, 70 o 80 años”, relata Cristina, la encargada del servicio de nefrología. “Pero ahora la norma está cambiando. Estamos viendo diálisis en pacientes de 25 o 30 años. Cuando empezamos en 2005, teníamos 5 pacientes. Ahora, estamos por encima de nuestra capacidad, 88 pacientes, y siguen llegando.”

NKFS opera dos centros de diálisis en las islas, uno en Upolu y el otro en Savai´i. El 75% de los pacientes son diabéticos, generalmente tipo 2, y la mayoría aparece en el centro ya con un fallo renal, en lugar de ir antes de que este se produzca y así poder prevenirlo.

“Los samoanos son gente complicada”, explica Cristina. “Hay muchos factores que influyen en la decisión: la familia, el pueblo, la iglesia. Muchos no vienen para ser tratados cuando deberían. Pero creo que finalmente estamos comenzando a ser más abiertos sobre la diabetes y a aceptar que es un problema”.

En un momento hubo una clínica de diabetes en Apia, pero por lo que escuchamos (No pudimos conseguir una confirmación oficial) generó corrupción y terminó cerrando. “Eso fue un gran perjuicio para la comunidad”, observa Cristina, “Porque ir a una clínica de diabetes es mucho menos intimidante que ir a un hospital por tus problemas de salud.”

DFC, en el hospital Tupua Tamasese Meaole en Apia, está haciendo todo lo posible para llenar el vacío dejado por la clínica de diabetes, pero es difícil. Tienen poco personal y mucho trabajo, y están conectando con sus pacientes demasiado tarde en esta historia. Desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde, todos los lunes y jueves, los diabéticos hacen cola para tratarse sus pies. El personal, que incluye unas pocas enfermeras/os y una podóloga para toda la isla, también intenta usar este tiempo para dar educación apropiada acerca de la diabetes a los pacientes.

Sin embargo, su principal trabajo está dirigido a las complicaciones de pies relacionadas con una diabetes no tratada o mal tratada. Deben explicar la importancia de tener que amputar un dedo o un pie para evitar así una necrosis o una sepsis y una posible muerte. Desafortunadamente, este tipo de conversaciones la están teniendo todos los días con sus pacientes, porque la conversación acerca de qué comer o cómo manejar la diabetes también llega demasiado tarde o su importancia se diluye en todos los matices de la cultura samoana.

Junto a las complejas relaciones de los samoanos con la familia, el pueblo y la iglesia, el personal sanitario también debe enfrentarse a la pobreza, la apatía, el aislamiento y la desinformación. En general, los samoanos que llegan al hospital, si es que llegan, saben muy poco sobre su condición y no siempre confían o siguen lo que la “medicina occidental” les recomienda.

Estos son solo algunos ejemplos contra lo que están luchando:

COMIDA

La llegada de la comida occidental barata a las costas de Samoa ha cambiado drásticamente los hábitos alimenticios. En los supermercados, podemos ver en todos lados comida procesada y precocinada y una sección muy limitada de producto local. La comida procesada también es considerablemente más barata que mucha de la comida fresca. En cada tienda de pueblo pareciera como si los únicos productos a la venta fueran sopas de noodles instantáneas, galletas y refrescos. Todos estos productos se venden porque comer comida occidental es ahora considerado un símbolo de estatus, mientras que comer comida local o vivir de la tierra es visto como señal de pobreza.

Desafortunadamente, muchos de los platos principales de la dieta tradicional tampoco ayudan a luchar contra la diabetes y menos ahora que los samoanos han adoptado un estilo de vida más sedentario. Vegetales con mucho almidón y muy altos en carbohidratos como el taro, el frutipan y ñame pueden verse en la mayoría de las comidas. Si toda esa energía no se quema a lo largo del día, termina siendo nociva para nuestra salud.

 

ACCESO A LA SANIDAD

La medicina tradicional todavía ocupa un papel importante en la cultura samoana. Y según sus creencias, mucha gente visita al curandero del pueblo antes que ir a ver a un doctor para tratar una enfermedad. También hay una parte de desconfianza.

“Todos tienen una historia sobre una tía que fue al hospital por una herida en un pie y murió,” nos cuenta una enfermera del DFC. “Los samoanos todavía creen un poco en la magia negra. Eso forma parte del asunto.”

“Una vez tuve a alguien con una infección de ojo,” -nos relata una estudiante de medicina- “La solución con medicina tradicional fue echar polvo de vidrio en el ojo. No entiendo en que estaban pensando… pero esas cosas pasan.”

Lo que si está claro es que el gobierno debería prevenir estas prácticas peligrosas por parte de los curanderos. Sin embargo, la regulación es complicada porque iría en contra de la tradición de la gente, y en estos aspectos, los samoanos se aferran con fuerza a su cultura.

Actualmente, el gobierno está trabajando en un libro de cocina para dar más ideas de comidas saludables para hacer en casa. Nosotros pudimos ver algún anuncio nutricional en carteles alrededor de las islas, presuntamente hecho por el gobierno, pero en general, el nivel de respuesta difícilmente refleje la gravedad de la realidad. Vale la pena repetir que no hay especialistas en diabetes en un país donde 1 de cada 14 adultos tiene diabetes (Federación Internacional de Diabetes). El Diabetes Foot Clinic está abierto sólo dos días a la semana y normalmente hay dos horas de espera para ser atendido. Como mucho, el personal puede ver siete pacientes por día.

Los diabéticos también deben pagar por sus suministros, pero tienen un descuento. Si bien tienen que pagar por el glucómetro y las tiras reactivas, sólo pagan 5 talas por la medicación relacionada con la diabetes.

“Diría que los precios son accesibles para la mayoría de los samoanos, pero muchas veces ni la compran,” explica la podóloga. “A veces prefieren comprar un nuevo teléfono móvil o quizás en realidad tienen otras necesidades, mucha gente es pobre aquí, pero en general, da la impresión que no se preocupan por su salud.”

 

CULTURA

Desafortunadamente, priorizar la salud o cambiar tu estilo de vida siempre suena fácil en los papeles pero es mucho más difícil en la práctica. En particular, los samoanos tienen una cultura de banquete. Cada domingo, es tradición tener un to´ona´i, lo cual consiste en un almuerzo después de la iglesia tan grande que pone a todos a dormir. A estos banquetes asiste toda la comunidad para disfrutar de la comida y sociabilizar después de la misa.

Por ende, los diabéticos y pre-diabéticos difícilmente se motiven para cambiar sus hábitos alimenticios cuando todos alrededor están engullendo litros de refrescos y suntuosos platos cada domingo. De hecho, rechazar comida podría hasta ser ofensivo. Con tan poco apoyo comunal para este difícil pero necesario cambio de vida, es fácil darse cuenta porque los samoanos muchas veces son tildados de “vagos” o “indiferentes” con respecto a su enfermedad. O tal vez, con todos tomando las mismas malas elecciones, podrían pensar que “por lo menos, nos vamos a morir todos juntos.” Para tener una imagen más clara de lo que los samoanos están pensando exactamente, recomendamos ver el documental filmado por el programa británico “Unreported World”: Obesity en Paradise (Obesidad en el Paraíso). El DFC también aparece en el documental.

Si la educación y la prevención de la diabetes se convirtiera en algo común en Samoa, ellos necesitarían encontrar una manera de abordar el ritual del banquete sin comprometerse con su importancia cultural. Si esto parece como el desafío correcto para una clínica de diabetes, estamos de acuerdo. Está claro que para mejorar la situación en Samoa, restablecer una clínica de diabetes debe ser lo primero en la agenda.

Cuando le hablamos a los dueños de los hoteles en Le Manumea Resrot en Apia y en Vacation Beach Fales en Manase, todos estaban entusiasmados con la idea de saber más sobre la diabetes – por sus huéspedes y por sus empleados. (Vivimos una situación que representa bastante bien como afrontan la realidad los diabéticos en el país. Tres miembros de una familia vinieron al taller para aprender más sobre la diabetes porque a su abuelo los acababan de diagnosticar y él no quiso venir al taller. Más tarde, el abuelo se acercó a la mesa donde estábamos cenando y tímidamente nos pidió un flyer informativo).

Estamos particularmente agradecidos a Luna y su personal en Le Manumea Resort que nos permitió guardar nuestra insulina en la nevera del hotel mientras viajábamos unos días por Savai´i. Luna también nos regaló una noche en el resort como gesto de apoyo a nuestra causa.

“Creo que es hermoso lo que están haciendo,” nos dijo. “No es diferente a difundir la palabra de Dios. Ustedes están saliendo ahí y dándole información importante a la gente, información que realmente los puede ayudar. Sabemos en Samoa que la diabetes es un problema serio y necesitamos cuidar mejor de nosotros mismos.”

Durante nuestro tiempo en Samoa, nos dimos cuenta cuanto vale cada conversación. Y nos fuimos de ahí con un profundo aprecio por las incansable almas de quienes están luchando una batalla cuesta arriba contra la epidemia, con un mejor conocimiento de lo complicado que puede llegar a ser el cuidado de la diabetes, y con una plegaria por la salud de Samoa.

Ojalá resistan la insidiosa occidentalización de su cultura y que puedan desarrollar prácticas nuevas y saludables en su estilo de vida, mientras siguen preservando lo mejor de su hermoso estilo samoano (Samoan Way).

Un ejemplo de la comida tradicional samoana – El Umu

 

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