Marruecos

MARRAKECH

Tienda de alfombras en MarrakechLlegar a Marruecos sin tu mochila jamás sería un buen comienzo de viaje salvo que las siguientes 2 horas consistan en buscar inútilmente tu hotel en la caótica medina de Marrakech. Haberlo hecho cargando mi mochila, destruyendo e interrumpiendo las interminables filas de peatones con mis paradas abruptas y nuestro andar errante habría sido aún mucho peor.

Era 24 de diciembre y la Nochebuena pasó silenciosa, ajena a los festejos de Occidente. Una vez más, me sentí lejos de casa. Me fui a dormir sin mochila y sin Navidad.

Marruecos es uno de esos países donde constantemente se pone a prueba tu paciencia, y a pesar de confiar en la belleza del caos, la abrumadora insistencia de los vendedores ultrajan cualquier templanza. País donde quitarse de encima la condición de turista es imposible, y pasar desapercibido, absurdo.

Lo más llamativo de Marrakech es su plaza con su eterno suceder. Durante el día encantadores de serpientes, vendedores ambulantes, adiestradores de monos y otros personajes de cuento merodean el lugar. Pero en un instante todo se evapora y vuelve a presentarse con la excitación nocturna de un sitio que no quiere despertar. Trovadores, carpas-restaurantes, mujeres tatuadoras y más vendedores ambulantes se funden en un trasiego sin final.Puesto en la Plaza de Marrakech

DADES

Tras recuperar nuestras mochilas y alquilar un auto partimos hacia las Gargantas del Todra, cruzando el Atlas y sumergiéndonos en un desierto de piedra, tierra de kasbahs. Con la noche sobre nosotros, decidimos parar en Dades y buscar un lugar para dormir.

DadesFue con el auto detenido en una esquina cuando conocimos a Hussein, un buscavidas oportunista que olió nuestra presencia y dio solución a nuestra necesidad con una simple llamada. Después de subir una ruta hacia ningún lugar durante unos minutos, llegamos a un lugar callado, vacío y oscuro. Aquello no parecía una casa, mucho menos un hotel, pero poco a poco, y después de que Hussein diera unos gritos a la noche, las luces se fueron encendiendo y las paredes fueron apareciendo.

La mañana nos regaló un paisaje enjuto pero hermoso, fue una pena no adentrarnos en las profundidades de la Garganta del Dadès y sólo quedarnos en las puertas de un camino prometedor. En cambio, fuimos a conocer a una familia local que nos mostró la humildad y generosidad de la zona y nos enseñó su pasado y su presente, porque el futuro es impredecible cuando eres un olvidado en tu tierra.

Nos invitaron a comer pero tuvimos que negarnos porque nuestra intención era llegar esa misma tarde a Merzouga, la puerta del Sahara. Me fuí realmente apenado de no poder seguir compartiendo más tiempo con esas personas que tanto tenían para enseñarnos. Los inconvenientes de viajar con reloj y de tener una fecha de regreso.

Familia de Dades

SAHARA

ZaharaCuando ya eran visibles las dunas del desierto pero aún nos quedaban unos cuantos kilómetros atravesando la nada misma, un beduino se nos cruzó en el medio de la ruta. La única alternativa era frenar para saber si necesitaba algo y también para sacarnos la duda de qué era lo que hacía solo en ese sitio tan inhóspito.

Su necesidad fue satisfecha porque tenía el mismo destino que nosotros, pero la nuestra no porque jamás conseguimos entenderle cuando nos explicaba qué hacía en el medio de ningún lugar.

Abdul era de madre touareg y de padre bereber, pero él no se consideraba ninguno de los 2 o, en realidad, los 2 a la vez. Su papá era dueño de un hotel a las afueras de Merzouga, supuestamente a orillas de un lago que ni el propio Abdul, en toda su vida, había visto jamás.

Nuestro pasajero intentó contarnos unas cuantas cosas más pero todos sus intentos para explicarse, y todos los nuestros para entenderle, fueron inútiles para tener una conversación que llegara a algún lugar. Entonces así seguimos, tarareando al unísono canciones de rock and roll mientras cruzábamos el desierto.

Cuando llegamos a Rissani, último pueblo antes de llegar a Merzouga, yo no detuve totalmente el auto en un control policial (como no había hecho en los 15 anteriores) y uno de los agentes nos dio el alto. Con el bueno de Abdul como traductor oficial, nos decían que les teníamos que pagar 60 euros por no haber respetado el stop. Nos resignamos y estábamos dispuestos a pagarlos porque en Marruecos da igual el error que cometas manejando, la multa siempre será la misma, 60 euros. Pero nuestro acompañante apostó por su elocuente verborragia, y mentiras de por medio, nos dejaron ir sin haber pagado la multa.

Zahara

Al final nos hospedamos en el hotel del padre de Abdul, a orillas del “lago”. Sólo tuvimos tiempo de dejar las mochilas en la habitación porque cuando llegamos estaba saliendo una excursión en camello hacia el oasis y frente a la insistencia e ilusión de Ashley para hacerla, hacia ahí nos embarcamos.

Seguramente las mujeres sepan disfrutar mucho más que los hombres de un paseo en camello. De hecho, los beduinos locales no montan y hacen el camino a pie con sus babuchas aerodinámicas. Tras pasar media hora encima del pobre animal, la incomodidad que había nacido en mi entrepierna ya era general y abarcaba todo mi cuerpo. Todavía teníamos unas horas por delante y había que buscar una distracción porque estaba a punto de bajarme y hacer el camino descalzo. Por suerte, el paisaje era relajante y la imponente inmensidad del desierto te avasalla a cada paso, se transforma frente a cada nueva perspectiva y se reinventa junto al paso incansable del sol.

Caravana

El atardecer nos acompañó en la llegada al deseado oasis y la noche estrellada nos abrazó con su gélida oscuridad. El frío desgarrador y la ausencia de olor fue lo verdaderamente destacable de aquella noche erial.

Los guías se esforzaron inútilmente en motivar a los turistas con su música percusiva, pero ninguno de nosotros tenía ganas de bailar frente a la hoguera y ni el fuego encendió aquellas almas agotadas.

El amanecer fue eminente, el sol despuntó la noche y acarició dulcemente las dunas de arriba hacia abajo hasta abarcarlo todo.

El día empezaba y frente a nosotros estaba el camino de vuelta, escarpado y aburrido. Esta vez me tocó un camello insurrecto que se quejaba sin descanso. Lo bautizamos como Charly, y aunque yo estaba de su lado en su lucha, él nunca lo entendió. Por lo menos hizo el paseo algo más divertido.

Lo siguiente relevante de nuestro paso por el Sahara fue el atardecer desde la Duna Mayor. Llegar hasta su cima gateando y con los pulmones en la mano era el precio que había que pagar para contemplar aquel páramo irrepetible en su plenitud. El premio fue coronado con un ocaso eterno desde aquella soledad irreprochable.Atardecer en la dunaAtardecer en la duna

La vuelta al hotel fue tensa. El día se apagaba y nosotros aún andábamos entre dunas. La noche acechaba y todavía había que cruzar, en auto, la calígine absoluta y sin más referencias que unas luces flotando en el fondo de la nada. No había camino en la oscuridad infinita, sólo la tierra yerma se extendía impredecible frente a nosotros. Después de un tiempo interminable y de algún que otro susto, llegamos enteros al hotel.

No hay mucho más que decir de Merzouga, el desierto es inexpugnable y la aventura llega hasta lo que uno esté dispuesto a arriesgar. Nosotros teníamos todavía mucho viaje por delante y el tiempo tiranizaba nuestros planes, así que nos pusimos rumbo a Fez, previa parada en Ifrane.

Zahara

IFRANE

En el medio de los Atlas se encuentra, hermosa y apacible, la ciudad de Ifrane, también conocida como la Suiza de Marruecos. Hoteles de lujo, campos de golf y mucha policía decoran el lugar, pero lo realmente sorprendente es que fue el único sitio de todo el país donde encontré contenedores de basura. ¿Será que en Marruecos sólo los ricos, y en invierno, reciclan la basura? Debería conocer más para saber la respuesta.

FEZ

Llegamos a Fez por la noche. Estaba ansioso, había escuchado y leído muchas cosas de esta ciudad imperial. La universidad más antigua del mundo, la capital marroquí del Islam, cuna de la liberación del colonialismo francés, la zona peatonal más extensa del planeta y muchas cosas más. Pero aún así, no terminó de impresionarme.

Nuestro hotel estaba en la Ville Nouvelle, un barrio de estilo francés desenfadado y moderno, que cotejándose con el resto de la urbe, más antiguo y tradicional, da la sensación de tratarse de 2 ciudades antagónicas y distantes .

Recordaré por siempre la descomunal medina de Fez con sus calles entrampadas, sus pasajes alocados y su vaivén enmarañado. Allí donde los cueros se curten con colores impetuosos y los olores vehementes se enredan inauditos.

CHEFCHAOUEN

Así seguimos hacia Chefchaouen, en busca de la tranquilidad de los límites del Rif y para escapar de la inevitable perseverancia marroquí. Chauen es precioso en sí mismo, emplazado entre añejas montañas y tradiciones atávicas, es una pinta celeste en un paisaje caprichoso.Chefchaouen

Ahí encontramos la paz que andábamos buscando y pronto nos hundimos en el ritmo sosegado de un pueblo campesino, caminando sin rumbo entre un mar de casas vicisitudinarias. También encontré a Mustafa en el mismo lugar que lo había dejado años antes. Allí estaba, ajeno al tiempo, como si esperara el tren de la vida en la última estación.

Chauen es lo más digno del Rif, vale la pena perderse, sin desesperar, por sus calles infinitamente azules, o saborear un té con menta en alguna terraza de la plaza principal mientras se observa el incesante acaecer de la vida cotidiana, o simplemente dar un paseo por su entorno privilegiado.Chefchaouen

Con eso terminó nuestro viaje por Marruecos. Creo que no me aburriría jamás de visitarlo porque es de verdad diferente a todo lo que estoy acostumbrado a vivir habitualmente y volver de ahí significa traer la mochila llena de enseñanzas ancestrales de un pueblo con memoria. Algún día regresaré porque aún me queda por conocer al Atlántico bañando la costa africana, y además, porque me fui del desierto sin descifrar con certeza el color de su arena.

QUE COMER

La oferta gastronómica de Marruecos, básicamente, gira alrededor del cous-cous y del tagine, consiguiendo de este modo el hartazgo de cualquiera que pase más de una semana en el país. Si bien hay otros platos en el repertorio, como la harira o los pinchos morunos, es difícil escapar de la cuscusera y en algunas de las 3 comidas diarias, por lo menos, cae un cuscús o un tagine. Estoy seguro que cualquier abuela marroquí tiene la magia de la experiencia intacta y es capaz de deleitar a sus comensales con platos exquisitos. Pero yo no viví nada de esa historia y me fui de aquel lugar con la idea de una cocina pobre y limitada. Otro motivo para volver.

No es un país fácil para los diabéticos y los hidratos de carbonos abundan en casi todos los platos, aunque algunos, como el cuscus, sean de absorsión lenta. Ten en cuenta que 100 gr de cuscus crudo tiene 71 gr de HC y 100 gr de cuscus cocido tiene 23 gr de HC. Además, su Indice Glucémico (IG) es de 65.

 

DONDE DORMIR

Marruecos tiene la ventaja de que, aunque vayas sin alojamiento reservado, difícilmente te quedes sin lugar donde pasar la noche. Hay tantos buscavidas en la calle que casi cualquier persona puede ofrecerte y llevarte a algún hotel. Luego estará el criterio de cada uno para elegir el lugar. Prácticamente en todas las ciudades la oferta hotelera es amplia y para todos los gustos. Caminando por las calles del centro se pueden encontrar desde hoteles 5 estrellas hasta incómodas pensiones, cada uno con sus respectivos precios según la necesidad. Además, hay que tener en cuenta que todos los precios son regateables.

– Damián

Recent Posts

Comments/Comentarios

3 Comments

  1. September 10, 2016
    Reply

    Thanks for the forum.Really thank you! Fantastic. Lyne

  2. September 9, 2016
    Reply

    Buenas tardes! .Me gustaría dar un enorme aprobado por amena información que tenemos aquí en esta web . Voy a volver muy pronto a disfrutar con esta web.

  3. June 7, 2016
    Reply

    Really informative article post. Awesome. Newton

Leave a Reply

Your email address will not be published.