Melbourne

Australia ya nos había dado bastante con Sídney. Pero nosotros siempre buscamos más en este indefinido camino hacia adelante y el próximo destino era Melbourne, la otra perla del país.

El bus desde Sídney tardó algo más de 12 horas y nos dejó en la estación Southern Cross, la puerta de entrada al centro de la ciudad. Esta es la opción más barata y cuesta aproximadamente 50€. El tren en cambio es bastante más caro y vale cerca de 90€. Y por último, la opción más rápida es el avión pero también la más cara.

Melbourne fue fundada en el año 1835 pero no destacó hasta 1850 cuando se descubrieron unas minas de oro que abastecieron a Inglaterra durante años y enriquecieron a la ciudad. Con el descubrimiento llegó la prosperidad y de esa época proviene el título “Marvelous Melbourne” (Maravillosa Melbourne). En ese momento, comenzó una lucha constante con Sídney que dura hasta hoy para ver cual de las dos es la ciudad más importante del país. Por este motivo, las autoridades australianas decidieron fundar en 1927 una nueva capital, Canberra e intentar así restarle protagonismo a estas dos ciudades pero sin demasiados resultados.

Queen Victoria Market

En el camino a pie desde la estación hasta nuestro Airbnb en Southbank ya pudimos dilucidar el concepto esencial de la ciudad. La arquitectura modernista es la tónica fuera del centro, como si la ciudad estuviera en constante movimiento y se renovara con celeridad a cada paso. En ese aspecto me hizo acordar mucho a Bilbao y su transformación. Famosos arquitectos de todo el mundo reutilizando tierras predispuestas al cambio, como si fuera un gran parque de atracciones para desarrollar sus conocimientos y jactarse de ellos. Luego, cada uno valorará si los estilos son de su agrado o no, pero lo que sí es indiscutible es que, al salir del centro, nos adentramos en un nuevo mundo acristalado que nos invita a mirar hacia arriba y a soñar con el cambio.

A su vez, y más allá de su aire innovador, Melbourne difiere de Sídney en un aspecto fundamental, no hay que indagar en el trasfondo para hallar su contracultura. El ambiente alternativo, y tal vez demasiado hipster, es predominante frente a cualquier otra tendencia y trae consigo una agenda cultural sobrecargada incluso hasta para quien está de vacaciones en la ciudad. Por fin de semana podemos encontrar dos o tres festivales entre otras actividades, de las cuales algunas son gratuitas y otras de pago. Para dar un ejemplo, nosotros fuimos a un festival de la comunidad china budista a la mañana y por la tarde a una feria de alimentos orgánicos donde, entre otras cosas, daban clases de cocina. A la noche intentamos ir a una festival de cervezas pero la cola era tan larga que desistimos entrar, y perderse por las calles del barrio chino tampoco era un mal plan B.

De ese modo transcurre la vida en Melbourne, sin tiempo para aburrirse debido a la oferta cultural y con ganas de desdoblarte para abarcarlo todo. Y todo eso sin contar que la ciudad se transforma en la capital mundial del deporte varias veces al año con el Abierto de Tenis de Australia en enero, con el Gran Premio de Autralia de Fórmula 1 en marzo y con el Gran Premio de Australia de Motociclismo en octubre. A ese nivel, no se le puede pedir mucho más a la ciudad. No en vano, durante los últimos 7 años, Melbourne siempre encabeza la lista de las mejores ciudades para vivir debido a su calidad de vida.

Acdc Lane

Además, la juventud juega un papel decisivo en el desarrollo de la ciudad, como si las autoridades le hayan allanado el terreno para crear y divertirse. Prueba de esto son la zona de Acdc Lane y los barrios de Fitzroy y Prahran. El primero, repleto de grafitis callejeros y antros nocturnos y los otros dos atestados de restaurantes vegetarianos y/u orgánicos que rozan lo infame y de tiendas de ropa de diseñadores locales e internacionales. Cuando un movimiento cultural alternativo se vuelve moda pierde su razón de ser y se transforma en un producto más de aquello que quería evitar y combatir. En un básico donner kebab, un cartel que rezaba “aquí vendemos la mejor pizza vegetariana de Fitzroy” terminó de confirmar mis sospechas, los principios se habían diluido en la ciénaga de la moda y prácticamente todos se habían vuelto empresarios de las nuevas tendencias. Pero siempre es preferible tener aunque sea esa opción para elegir, y Melbourne, a diferencia de Sídney, tiene barrios enteros para ofrecer con ese estilo desenfadado y juvenil, aunque sea una moda.

Un día hicimos un tour gratuito en el cual la guía brinda información histórica, arquitectónica y de actualidad que sirve para complementar el placer que brinda la vista mientras se camina por la ciudad. En este tour nos enteramos que Melbourne fue una de las primeras ciudades en luchar por las ochos horas diarias de trabajo y prueba de ello es un monumento en Victoria Street con el triple ocho, 8 horas para trabajar, 8 para dormir y 8 para ocio. Tal vez su historia obrera y combativa haga, hoy en día, que la ciudad tenga esa distinción y esas peculiaridades con Sídney, mucho más elitista y señorial.

888

El tour sale todos los días desde la Biblioteca Nacional a las 10:30 de la mañana y a las 2:30 de la tarde y termina en el mirador de la sala de conciertos Hamer Hall unas 3 horas después. En el tour descubrimos la historia de los edificios más emblemáticos y alguna que otra anécdota de los habitantes más célebres de la ciudad. Vale la pena hacer el tour, aunque se camine más de lo que se aprende.

El domingo era día de deporte y había que vivir la experiencia de ver un partido de fútbol australiano en el Melbourne Cricket Ground. Tengo que decir que había comprado la entrada por internet (20€) sin estar plenamente convencido de lo que estaba haciendo. Pero el espectáculo no defraudó y sin duda elegiría un equipo al cual alentar si viviera en Melbourne. A pesar de ser 18 jugadores en cada equipo dentro de un campo ovalado, es un deporte dinámico, casi sin descanso y entretenido de ver debido a sus laxas y escasas reglas y a su caballerosa violencia.

Cricket Ground

Al igual que hicimos en Sídney, después de estar unos días en la ciudad alquilamos un auto para recorrer los alrededores y conocer así las dos caras de la moneda, por un lado la urbe incombustible y por otro lado la naturaleza indómita.

Así fue como pusimos rumbo hacia Healesville, nuestra siguiente parada era el santuario, un lugar donde los animales que fueron rescatados con anterioridad se encuentran en semi-libertad, si es que ese término existe, y bajo la tutela de un personal siempre atento y respetuoso con la fauna.

Ahí tuvimos la oportunidad de ver koalas, wombats, dingos, canguros, wallabies y hasta un extraño y escurridizo ornitorrinco. Cabe destacar que, si bien no se puede interactuar con los animales, a lo largo del día hay diferentes actividades en donde el personal explica y muestra las características de los diferentes habitantes del parque. También se puede pagar por alimentar y tocar a los koalas pero nosotros no quisimos colaborar con esas prácticas tan invasivas.

Koala

Echidna

Al día siguiente, después de dormir en Foster, manejé hasta el Parque Nacional Wilsons Promontory con la esperanza de ver a algunos de los animales del día anterior en su hábitat natural. Y la esperanza se volvió realidad con el paso del tiempo, en los claros del bosques se podían apreciar algunos emus, una especie de avestruz con cara de ataque de ansiedad y tan sociable como un perro hambriento. Pero al que veníamos a buscar todavía se hacía de rogar hasta que a lo lejos vimos una gran piedra atravesada en el camino que no nos iba a dejar continuar. Reduciendo la velocidad nos fuimos acercando poco a poco y de repente a esa piedra le salieron cuatro patas y mansamente se perdió en la espesura del bosque. Era un wombat, seguramente el animal más simpático de Australia, un marsupial gordo y peludo con cara de bonachón, con una parsimonia envidiable y que abunda en este parque nacional a pesar de los continuos atropellos. En las horas que estuvimos ahí vimos unos cuantos pero ninguno con ganas de colaborar con el reportaje fotográfico. La vida salvaje es así, no entiende de redes sociales ni pretende ser parcial, y ojalá siempre siga siendo así por mucho tiempo más.

Wombat

Dentro del parque hay varias playas y unos cuantos montes que se pueden recorrer. Nosotros subimos al monte Oberon y donde desde su cima hay una hermosa panorámica de todo el lugar. El terreno boscoso e irregular da excéntricas concesiones a playas salvajes y solitarias, como si esta fuera la única forma posible de no profanar el frío mar. Nosotros paramos en Squeaky Beach para comer y reponer fuerzas para el viaje, teníamos un largo camino de 3 horas hasta St. Kilda, a las afueras de Melbourne.

Wilsons Promontuary

Wilsons Promontuary

La noche caía incorruptible sobre nosotros cuando llegamos al muelle de Saint Kilda, debíamos apurar el paso si no queríamos perdernos lo que no habíamos podido ver en Nueva Zelanda por no querer pagar un precio excesivo para nosotros. Cuando la noche ya es un hecho, unos cuantos pingüinos azules llegan al muelle después de un largo día de pesca en el mar. Este tipo de pingüino es el más pequeño del mundo y solo se encuentra en Australia y Nueva Zelanda, por lo que ésta era nuestra última oportunidad para verlos en su hábitat natural. Por supuesto, había más turistas que pingüinos pero afortunadamente hay personas controlando el lugar para que la gente no use los flashes de sus cámaras o para que no se acerquen demasiado con sus ansias de una buena foto. De esta manera pudimos observar y escuchar el final de la lucha diaria por sobrevivir de estos achaparrados animales.

Blue Pinguin

Después de pasar la noche en un Airbnb de St. Kilda, cruzamos todo Melbourne para llegar a una de las cunas del surf moderno, Torquay. El pueblo en sí no tiene mucho que ofrecer más que el museo de historia del surf y unas cuantas tiendas de las marcas más legendarias del deporte y de las cuales Torquay es su lugar de origen.Surf Museum

Para aquellos que nos gusta este deporte, Torquay debería ser un lugar de peregrinación obligatorio y surfear en Bells Beach la ceremonia litúrgica más ecléctica. Ajenos a lo que sucedía en Hawaii o California, en Australia se iban gestando las características del surf que terminaron haciéndolo un deporte profesional y olímpico como lo conocemos hoy. Acá comenzó todo.

Torquay

Bells Beach

Y en Torquay empieza la fantástica e imperdible Great Ocean Road, una ruta inaugurada en 1932 y construida por excombatientes de la Primera Guerra Mundial en homenaje a los caídos en dicha guerra. Esto la convierte en el memorial más grande del mundo, aunque uno pueda recorrerla entera sin enterarse de ese simbolismo. La Great Ocean Road va desde Torquay hasta Allansford transitando 243 kilómetros entre un mar embravecido, soberbios acantilados, canguros y koalas.

Twelve Apostoles

Los pueblos más importantes que cruza la carretera son Anglesea, Lorne y Apollo Bay, aunque todavía faltan 150 km hasta llegar a Allansford y la parte más espectacular del recorrido. Una vez que pasamos el cabo Otway, el camino va bordeando la costa generosamente expuesta al sur, dirección desde la cual llegan todas las tormentas y por lo cual el mar se convierte en un demonio imbatible. Esa combinación moldeó un paisaje sobrecogedor, hostil e hipnótico y en el cual las fuerzas de la naturaleza todavía siguen trabajando para eternizarlo.

Twelve Apostoles

La atracción más popular son los Doce Apóstoles que, como su nombre lo indica, consiste en 12 torres rocosas emergidas del mar y ahormadas a su placer, una detrás de otra en la fragilidad del colapso y aferradas a su destino cerril. Pero además de los Doce Apóstoles, cualquier parada aleatoria brinda un paisaje estremecedor bajo el coro estentóreo del mar. Y tampoco se debería pasar por alto el desfiladero del Loch Ard, una bonita y escondida playa que fue lanzada al estrellato por los dos y únicos supervivientes de un naufragio de 1878 que consiguieron alcanzar la orilla ahí.

Loch Ard

Desde Port Campbell hasta los Doce Apóstoles también hay un sendero de 104 km para recorrer a pie los escarpado acantilados de ese litoral. Puede hacerse en 8 días y durmiendo en los campings que hay a lo largo del trayecto o también es posible hacer caminatas por el día y conocerlo poco a poco.

Nosotros fuimos en mayo y el invierno ya era una realidad imposible de evitar. Por ese motivo hicimos el recorrido en auto, parando para pasar la noche en Sugarloaf y continuando al día siguiente hasta Port Campbell, en donde, en lugar de continuar por la Great Ocean Road hasta Allansford, nos desviamos hacia el interior para empezar a volver hacia Melbourne.

Así terminó nuestra estadía en el estado de Victoria, recorriendo los alrededores de su estupenda capital, Melbourne. Superado el shock producido por la belleza de Sídney, pude entregarme incondicionalmente a Melbourne a pesar de su clima más aciago. Mientras Sídney me cautivó por la beldad de sus postales, Melbourne me atrapó por su cultura, por su ambiente y por su dinámica. Y yo, particularmente, interactúo mejor con las cualidades de la segunda y, por ende, las aprecio más ya que siempre es mejor ofrecer experiencias que belleza. Pero de todos modos es indiscutible que Australia, entera, me enamoró desde el primer día que la conocí.

-Damián

 

Información para diabétic@s

Como he dicho en otros posts, Australia es un país con una sanidad muy buena y prácticamente con la misma infraestructura que podemos encontrar en cualquier otro país desarrollado. Las insulinas también son las mismas que en Europa o Sudamérica a excepción de Tresiba que todavía no se comercializa.

Un factor a tener en cuenta es que la sanidad es gratuita para los residentes del país pero de pago para los turistas. Por este motivo es recomendable viajar con un seguro de viaje. Nosotors elegimos el seguro de Correduría Barchilon y que cubre cualquier percance derivado de la diabetes.

En Melbourne está la oficina de Diabetes Victoria que vendría a ser una asociación de diabéticos del estado de Victoria. Ahí les podrían brindar más información y también en dicha oficina se puede comprar material para diabéticos como tiras reactivas o lancetas.

Para comprar insulina deberían ir primero a la consulta de un médico local para que les hiciera una receta y luego dirigirse a una farmacia para comprarla. Al no ser residentes deberían pagar el precio total de la insulina aunque para los australianos esté subvencionada.

Donde dormir

Australia en general no es un país barato ni para comer ni para dormir. Aunque hay algunos hostel con habitaciones compartidas a precios razonables (€13), no son la mejor opción en términos de ubicación y calidad. Dentro del centro de Melbourne el tranvía es gratuito pero si nuestro alojamiento está fuera gastaremos mucho en transporte para llegar a los lugares de interés. Un alojamiento cercano al centro empieza encima de los €20 por persona.

Si se viaja acompañado siempre es una opción más barata y cómoda utilizar Airbnb. En nuestro viaje por la Great Ocean Road la habitación más barata que ofrecían las distintas páginas de internet fue en Sugarloaf y pagamos €45 por algo muy simple pero en un entorno hermoso. Además tenía cocina para preparar nuestra propia comida y heladera para guardar la insulina. Lo conseguimos a través de Airbnb.

 

 

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