Popoyo

Playa de Popoyo

Tras visitar la isla de Ometepe, volvimos a Rivas para tomarnos un autobús a San Juan del Sur. Por 15 Córdobas y entre sacos de arroz y frijoles, nos sumergimos en el traqueteo infernal y perpetuo de cualquier bus de Nicaragua. Por suerte, el viaje no duró más de 45 minutos, pero a mi me parecieron una eternidad.

La improvisación nos define y en este viaje no fue la excepción. Llegamos a San Juan del Sur sin alojamiento, confiando en los rumores de que era fácil conseguirlo. Después de unas vueltas en vano, terminamos en un hostel de habitaciones compartidas, barato y aceptable, llamado Tadeo. El precio por persona ronda los 15€ e incluye el desayuno.

San Juan del Sur es un pintoresco pueblo costero, a orillas de una tranquila bahía repleta de barcos y con un ambiente y ajetreo que roza lo grotesco y desagradable. En la época seca, de diciembre a abril, el pueblo es el lugar elegido por los adolescentes y jóvenes estadounidenses para “divertirse” de una manera controvertida y particular. Además, y al igual que Tamarindo en Costa Rica, es un pueblo que promociona la práctica del surf pero que en su playa no rompe ni una ola. Extrañas paradojas del marketing del surf…

Dejamos las mochilas en el hostel y salimos a buscar un auto para alquilar. La idea original era alquilar un coche en Rivas pero, al no haber ninguna agencia de alquiler, tuvimos que optar por hacerlo en San Juan del Sur. Era diciembre, cerca de fin de año, y la mayoría de los turistas habían tenido la misma idea que nosotros y ya no quedaban autos para alquilar en todo el pueblo. Volvimos a improvisar y alquilamos un scooter por 30 US$ por día y salimos rumbo a Popoyo.

La travesía sería épica. Del soñado confort de un auto pasamos a la hostilidad y fragilidad de un scooter en la ruta Panamericana primero, y por un camino de tierra y piedras después.
Por suerte, y por desgracia, la zona sufría años de sequía y los caminos estaban transitables. Si no hubiera sido imposible llegar a Popoyo. Pero a cambio conseguimos infinitos baños de polvo cada vez que nos cruzábamos con un camión. Y envueltos en el halo de ese polvo terrenal, llegamos a La Virgen Morena, a la casa de mi amigo Santiago, al que no veía hacía 8 años. La costa está a menos de 10 minutos de allí en moto, pero con la desventaja del polvo del camino.

Cactus en la sequía

Popoyo es un pueblo inverosímil, que posee la mística de esos lugares que nunca conocieron el frío pero que, a su vez, la impiadosa sequía y el viento desbocado lo hacen poco disfrutable. Barruntar que la piel se despedaza mientras el sol apoya su tenor sobre tus hombros y sentir que Eolo, enfurecido, te cubre con un manto polvoriento e inevitable le quita todo lo placentero a la zona.
Realmente imaginé un lugar diferente. Popoyo es mundialmente conocido por sus olas, izquierdas perfectas e interminables sobre un reef de rocas. Pero para aquella persona que no hace surf, el pueblo no tiene mucho para ofrecer más que hacerte sentir el rigor de un clima hostil. Afortunadamente, nosotros teníamos el calor de la amistad de Santiago y su familia, que muy generosamente nos abrieron la puerta de su casa y nos alimentaron de manera exquisita.

Atardecer en Magnific Rock

En los alrededores del pueblo hay recovecos escondidos y bonitos. Playas de accesos imposibles y de paisajes esplendidos. También hay playas privadas, donde el dueño de un hotel decide a quien deja disfrutar de su “paraíso”. Y por supuesto, ese permiso siempre lo define el dinero. Un día quisimos ir a una playa del norte, antes de El Astillero. Llegamos en chancletas y bermudas sobre nuestro modesto scooter y, antes de divisar la arena, nos paró una barrera y un guardia nos dijo que la consumición mínima en el hotel era de 40 US$ por persona. Entre la confusión y la indignación, pegamos la vuelta a nuestro querido y desinteresado Popoyo para contemplar otro soberbio atardecer.

Magnific Rock

Para el sur, las playas también son hermosas y algunas también, además del mar, tienen una persona como dueño. Por ejemplo, para llegar a playa Colorado, o te hospedas en el hotel que domina la playa, o tienes que caminar varios cientos de metros desde la playa El Gigante, cruzando también toda playa Amarilla. Estas dos tampoco tienen nada que envidiar a la bondad de Colorado.

También vale la pena visitar Playa Santana, bien cerca de Salinas, con buenas olas y más resguardada del viento.

Ola de PopoyoPlaya Colorado

En Popoyo recibimos el 2016, esperando una fiesta alocada de turistas y locales llegaron las 12 de la noche del 31 de diciembre. Brindamos con Santi y su familia en su casa y salimos hacia la playa en busca de diversión. Sólo encontramos un distinguido cielo estrellado y el imperturbable sonido del mar. Y aunque no hayamos encontrado la fiesta que esperábamos, tampoco estuvo mal comenzar el año sin camiseta, en bermudas y pisando la arena del Pacífico.

La noche del 1 de enero nos quedamos en el hotel del gran Filippo, un sardo afincado en Nicaragua que hace de la hospitalidad su distinción y donde ciertos días de la semana Santi hace impresionantes pizzas en horno a leña para cenar. La pizzas cuestan 6 US$ y están deliciosas. El hotel se llama Club del Surf y la habitación doble con desayuno incluido cuesta 56 US$.

Y así se sucedieron los días en Popoyo, entre el surf, el viento terral y la eterna amistad de Santiago.

Playa Amarilla

Y sobre el scooter volvimos a retomar el polvoriento camino a San Juan del Sur. Pero esta vez no íbamos a llegar hasta el mismo pueblo. Nos íbamos a desviar siguiendo el consejo de las personas que nos dijeron que las playas hacia el sur eran divinas. Y hacia allá nos dirigimos.

Salimos de día, y ya con una noche cerrada sobre nosotros, llegamos a un hotel que parecía nunca aparecer. Después de muchas subidas y otras tantas bajadas en las penumbras de la noche, nos encontramos de frente con un hotel vacío y apagado. Era tarde, pero no tanto como para que la gente ya estuviera durmiendo.
Luego de unos largos minutos de incertidumbre en la oscuridad absoluta, desde la casa de enfrente salió la persona que nos esperaba desde el mediodía. Nos abrió el hotel para nosotros, éramos los únicos huéspedes en el enigma de la noche.

Al otro día, nos despertamos y nos dimos cuenta de la exuberancia que nos rodeaba. El hotel Lomas del Bosque está abstraído en el bosque, como reivindicando el privilegio de la soledad y cuesta alrededor de los 30€ la habitación doble con desayuno incluido.

Las playas de la zona son realmente fantásticas pero, de nuevo, nos volvimos a encontrar con la infame contradicción de pagar para entrar a una playa. El precio para acceder a Playa Hermosa es de 3 US$ ¿Valen la pena? El lugar es memorable, la arena parece polvo estelar, las olas no descansan y almorzar admirando el devenir del tiempo frente a esas vistas hermosas no tiene precio. Pero, a su vez, indigna un poco ponerle precio a la belleza natural del paisaje.

Olas en Playa Hermosa

La otra playa que conocimos fue El Coco y, esta vez sin pagar, contemplamos otro excelso atardecer, de esos que sólo el Pacífico es capaz de regalar.

Atardecer en Playa El Coco

Después del ocaso teníamos que volver a San Juan del Sur a devolver la moto. El viaje fue demasiado tenso y en nuestras cabezas se hizo más largo de lo que realmente fue. La aguja de la gasolina tocaba fondo en cada repecho y nos dejábamos caer en cada bajada. Estábamos a sólo 18 km de la gasolinera, pero a más de media hora en tiempo y a una hora de que la tienda de motos cerrara. Por lo cual no era una posibilidad quedarse sin gasolina en el medio de la noche y esperar al otro día para devolver la moto porque a las 6 de la mañana debíamos tomar el autobús y dejar San Juan del Sur para volver a Costa Rica. Entonces, en cada subida se nos paraba el corazón viendo la aguja caer en picado y sin ver rastros de civilización, en nuestras cabezas se sucedían todas las alternativas posibles al desamparo de la calima. Con la última gota de combustible y con la moto ya cabeceando llegamos a la deseada gasolinera, el corazón descansó y nosotros volvimos a respirar.

Así dejamos la moto y nos fuimos al hostal que teníamos reservado para esa noche. Era modesto, pero no teníamos muchas pretensiones para pocas horas de sueño y a cambio de los 20 US$ que nos costó. Pero antes de dormir nos dimos la última vuelta por el pueblo para convencernos del mal gusto de los turistas del lugar.

Sinceramente, me gustaría volver a la zona en la época de lluvia y darle una segunda oportunidad a Popoyo porque estoy seguro que esconde secretos indecibles además de su gloriosa izquierda. Probablemente, todo ese paisaje pintado de verde pueda conmover hasta la más apática de las personas.

Playa Hermosa

Cactus en Playa AmarillaPlaya El Coco

Información para diabéticos

Tal vez la mayor preocupación en esta zona sea el extremo calor. Hay que tener en cuenta que absorbemos mejor la insulina cuando el clima es cálido e igual tendríamos que cambiar la dosis que nos inyectamos . Además, debemos tener cuidado con la exposición continuada de la insulina a tanto calor. Para eso, nada mejor que los coolers de Medactive que mantiene la insulina a una correcta temperatura para que no pierda efectividad.

También hay que tener en cuenta que es mejor viajar con un buen seguro médico porque hay lugares que están realmente alejados de cualquier hospital y, en el caso de urgencia, deberíamos llamar a una ambulancia para que nos lleve y luego, también, pagar por la factura de todos los gastos médicos. La correduría de seguros Barchilon ofrece un seguro para diabéticos que va muy bien para estos casos.

Que comer

Como ya dije en otros posts, la columna vertebral de la dieta nica es el gallo pinto, arroz y frijoles para desayunar, para almorzar, para merendar y para cenar. Además, no dejen de probar los patacones (o tostones) que son pequeñas tortitas de plátano frito con queso encima, una delicia.

No olvidar que en 50 gramos de plátano hay una ración de hidratos de carbono y que en 100 gr de arroz blanco cocido hay, aproximádamente, 28 gr de HC y su Indice Glucémico (IG) es de 70. En 100 gr de judías rojas cocidas hay 17 gr de HC y su IG es de 35.

Donde dormir

En San Juan del Sur, al ser el lugar más desarrollado para el turismo, hay una amplia oferta hotelera y se puede dormir pagando desde 13€ hasta 200€ por una habitación doble.

En Popoyo la oferta es menor pero la franja de precios también es amplia y variada. También va desde los 13€ hasta los 400€. Aunque siempre se puede conversar con algún local para que nos alquile una habitación de su casa o nos deje poner la tienda de campaña en su terreno por mucho menos.

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